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Crisis migratoria en Ceuta: el cálculo de Marruecos detrás del cruce masivo

Soldado español de vigilancia frente a la barrera flotante desplegada en la frontera marítima de Ceuta

La llegada masiva de decenas de miles de migrantes marroquíes a Ceuta esta semana ha dejado casi un centenar de muertos por ahogamiento. La ciudad española quedó profundamente desestabilizada durante varios días. Los servicios de inteligencia españoles han concluido que las autoridades marroquíes no planearon la oleada. Sí determinaron que Rabat permitió que ocurriera y que después aprovechó las repercusiones internacionales en beneficio propio.

Un bulo, una sentencia y una frontera desatendida

El origen del episodio estuvo en un bulo difundido por redes sociales y aplicaciones de mensajería. El rumor se apoyó en una sentencia reciente del Tribunal Supremo. Ese fallo estableció que los migrantes que entran a nado en Ceuta y Melilla no pueden ser devueltos de forma sumaria. Deben someterse al mismo procesamiento que quienes llegan en patera.

Miles de jóvenes marroquíes con pocas expectativas en su país interpretaron la sentencia como una puerta abierta. Llegaron a creer que España los recibiría sin deportaciones de por medio. La lectura fue errónea, pero se propagó con rapidez.

El comportamiento marroquí marcó la diferencia con episodios anteriores. En 2021, las autoridades del reino promovieron activamente un rumor similar. En 2024, en cambio, lo desmintieron de inmediato. Esta vez optaron por no intervenir.

La vigilancia fronteriza se relajó de forma discreta durante la festividad del Día del Trono. Después desapareció por completo. Los analistas españoles no han visto en ese repliegue un complot cerrado. Lo describen más bien como un oportunismo que escapó al control de sus propios artífices.

El resultado ha sido una presión humanitaria y política sin precedentes recientes sobre la ciudad autónoma. El balance de ahogados convirtió el episodio en la peor jornada migratoria registrada en la frontera. La respuesta institucional llegó tarde y quedó condicionada por esa cifra.

La crisis migratoria en Ceuta escaló al plano internacional

El episodio se transformó en pocas horas en un foco de tensión diplomática. Las imágenes del cruce masivo alimentaron la retórica de la extrema derecha contra el gobierno de izquierda de España. El Departamento de Estado de Estados Unidos calificó lo ocurrido como una flagrante violación de la soberanía española. En el mismo comunicado responsabilizó a la política migratoria de Pedro Sánchez. El presidente Donald Trump repitió esa línea poco después.

El embajador de Israel ante la ONU sumó otro frente. Calificó a Ceuta de enclave colonial y recibió una reprimenda de su propia embajada en Madrid.

Sánchez escribió a los líderes de la Unión Europea para quejarse de la reacción de algunos socios. Describió esa respuesta como egoísta, polarizadora e ilegal. El malestar tuvo motivos concretos. Italia suspendió la libre circulación con España. Finlandia y Dinamarca plantearon abiertamente excluirla del espacio Schengen.

Un bloque de 22 países partidarios de controles migratorios más estrictos ha solicitado desde entonces una reunión de ministros del Interior de la Unión Europea. La crisis migratoria en Ceuta pasó así de ser un problema fronterizo español a un asunto de arquitectura comunitaria.

Los medios marroquíes cercanos al palacio real explotaron el momento. Describieron a Ceuta y Melilla como territorios ocupados. Sostuvieron que su reintegración en Marruecos es solo cuestión de tiempo. Ese mensaje no ha sido desmentido por las autoridades del reino.

El profesor Cui Hongjian, de la Universidad de Estudios Extranjeros de Pekín, aportó otra lectura al Global Times. Señaló que la crisis puso de manifiesto las deficiencias de las reformas migratorias europeas posteriores a 2015. También apuntó a la dificultad del bloque para articular una respuesta unificada.

Fricciones internas: Interior, Defensa y un lenguaje inédito

El episodio dejó al descubierto tensiones dentro del propio gobierno español. El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, afirmó que los servicios de inteligencia no advirtieron lo que se gestaba al otro lado de la frontera. Esa declaración indignó al Ministerio de Defensa, según fuentes citadas por la prensa española.

Sánchez rompió un precedente al describir la entrada masiva como un ataque. Habló también de una violación de la integridad territorial de España. Fue la primera vez que un presidente del Gobierno recurrió a un lenguaje ligado de forma directa al artículo constitucional que define la misión de las Fuerzas Armadas.

La respuesta práctica, sin embargo, se mantuvo contenida. El gobierno no señaló a Marruecos como responsable, a diferencia de lo ocurrido en 2021. El Ministerio de Defensa tampoco asumió el mando de las operaciones. Puso a disposición del Ministerio del Interior a unos 1.600 soldados de la guarnición de Ceuta. Esas tropas quedaron asignadas a tareas de vigilancia y disuasión.

La Armada desplegó tres patrulleras en la zona. Sumó además una barrera de boyas flotantes a lo largo de la frontera marítima. El dispositivo buscó frenar los cruces a nado sin recurrir a medidas de fuerza.

El Consejo de Seguridad Nacional nunca llegó a convocarse. La omisión resultó llamativa frente al tono empleado por el propio presidente. El rey Felipe VI emitió por su parte una declaración de preocupación inusualmente firme. Entre las personas consultadas incluyó al líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo. Ese gesto buscó proyectar unidad institucional en un momento de fuerte división política.

La teoría china y la mirada geoestratégica sobre el Mediterráneo occidental

En algunos círculos académicos y de inteligencia chinos ha comenzado a circular una tesis mucho más especulativa. Según esa lectura, la crisis fue una operación de inteligencia orquestada por Marruecos e Israel para desestabilizar a España.

La politóloga egipcia Nadia Helmy, especialista en relaciones chino-israelíes, expuso el argumento en la revista Modern Diplomacy. Citó informes con sede en Pekín que enmarcaron el episodio como guerra híbrida contra el gobierno de Sánchez. En esa versión, el Mossad habría explotado los vínculos de defensa e inteligencia que Marruecos e Israel forjaron desde la normalización de 2020.

Helmy reconoció que esa lectura contrasta con la de los medios estatales chinos. CGTN y Xinhua centraron su cobertura en el despliegue militar español y en las implicaciones para las fronteras exteriores europeas. Fuentes cercanas a los círculos políticos de Pekín vinculan la teoría con el deterioro de las relaciones entre Madrid y Tel Aviv.

La tesis encontró eco fuera de China. El presidente colombiano, Gustavo Petro, culpó de forma directa a Benjamin Netanyahu. Afirmó que el primer ministro israelí paga a personas pobres para que arriesguen la vida llegando a España.

Más allá del ángulo conspirativo, los diplomáticos chinos han observado el episodio con lente geoestratégica. Ven a Ceuta como una pieza del tablero del Mediterráneo occidental. Pesan las rutas marítimas, la infraestructura portuaria y los suministros energéticos.

Marruecos se ha convertido en uno de los socios estratégicos más importantes de China en África. Las empresas chinas han invertido en fábricas de componentes para vehículos eléctricos y baterías. Pekín ha participado además en proyectos ferroviarios, energéticos y portuarios, incluido Tánger Med. Ese interés económico, y no la teoría del espionaje, explica la atención con que China sigue cada giro del expediente..

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