
Corea del Sur respalda los intentos del presidente estadounidense Donald Trump de reanudar el diálogo con Corea del Norte, aunque advierte que ese acercamiento no debe debilitar su postura de seguridad ni dejar a Seúl fuera de las negociaciones.
Así lo planteó el viernes el asesor de seguridad nacional surcoreano, Wi Sung-lac, para quien cualquier reanudación del diálogo entre Washington y Pyongyang debe traducirse en avances reales sobre el programa nuclear norcoreano, en paralelo a los esfuerzos por construir un régimen de paz en la península coreana.
Wi señaló que la coordinación de políticas y la comunicación entre Seúl y Washington son hoy más importantes que nunca, y recordó que la reciente orden de Trump de recortar significativamente los ejercicios militares conjuntos entre ambos países fue una señal de su disposición a dialogar con Pyongyang.
El funcionario surcoreano mencionó además otros temas de fricción bilateral que buscan profundizarse, como la inversión surcoreana en Estados Unidos pactada en el marco de un acuerdo comercial, el caso de la firma de comercio electrónico Coupang, la cooperación en seguridad, el intercambio de inteligencia y la transferencia del control operacional en tiempos de guerra.
Ejercicios trilaterales pese al recorte de maniobras
En paralelo, Corea del Sur, Japón y Estados Unidos confirmaron que realizarán ejercicios militares conjuntos del 9 al 11 de septiembre para poner a prueba su capacidad de respuesta ante las amenazas de misiles y armas nucleares de Corea del Norte.
Se trata de las maniobras anuales Freedom Edge, de carácter defensivo, que se desarrollarán en aguas internacionales al sur y al este de la isla surcoreana de Jeju, según informó el Estado Mayor Conjunto de Seúl.
El ejercicio trilateral llega después de que Trump redujera el alcance de las maniobras Ulchi Freedom Shield con Corea del Sur y de que Washington cancelara un entrenamiento conjunto de los cuerpos de Marines previsto para el mes próximo.
El mandatario atribuyó esas decisiones, en parte, a la negativa de Seúl de colaborar en la guerra contra Irán, y sostuvo que la reducción de las maniobras con Corea del Sur enviaba una señal a Pyongyang de su intención de dialogar.
Trump ha buscado desde entonces concretar una nueva cumbre con el líder norcoreano Kim Jong Un, a quien ya se reunió en tres oportunidades entre 2018 y 2019, aunque todavía no lo ha hecho durante su segundo mandato.
Trump insiste en el acercamiento con Kim y cuestiona a sus aliados
Consultado en la Casa Blanca sobre por qué Kim no había respondido a sus intentos de conversar desde su regreso al cargo, Trump aseguró que el líder norcoreano sí lo había hecho, aunque no ofreció detalles más allá de calificar el intercambio como positivo.
El mandatario insistió en que su relación personal con Kim vuelve la situación «mucho más segura» y destacó el respeto mutuo entre ambos.
Trump había cuestionado días antes a Seúl por su negativa a colaborar militarmente con Washington en Irán, pese a los cerca de 39.000 soldados estadounidenses desplegados en territorio surcoreano, y volvió a poner en duda el compromiso de Estados Unidos con aliados —incluidos los de la OTAN— que no contribuyen a ese conflicto.
Esas críticas generaron rechazo en el Senado estadounidense: el legislador demócrata Jack Reed advirtió que China y Rusia observan con atención la facilidad con que la actual administración se distancia de sus aliados.
Las maniobras Ulchi Freedom Shield, de once días de duración y diseñadas para preparar una eventual respuesta a un ataque norcoreano, comenzaron según lo previsto pese al recorte ordenado por Trump, según indicaron funcionarios surcoreanos, quienes confían en que la cercanía personal entre el presidente estadounidense y Kim ayude a reactivar las negociaciones.
Corea del Norte, que suele calificar estos ejercicios como ensayos de una invasión, no se pronunció públicamente esta vez, aunque semanas atrás había advertido que podría responder a las maniobras con un mayor nivel de disuasión, tras probar un misil balístico sobre el mar de Japón.
El despliegue regional se completa además con la salida del único portaaviones estadounidense activo en el Pacífico, el USS George Washington, que releva en Medio Oriente al USS Lincoln.










