La carrera por devolverle capacidad submarina a la Armada Argentina tuvo esta semana una señal contundente. Thyssenkrupp, el conglomerado industrial alemán dueño de uno de los astilleros submarinos más prestigiosos del mundo, mandó a su máximo ejecutivo a Buenos Aires a defender su oferta en persona. El CEO global de la compañía, el español Miguel Ángel López Borrego, se reunió con funcionarios del Gobierno y dejó una frase que resume la jugada: «Nuestra especialidad son los submarinos».
Pero conviene leer la visita en su contexto. El interés alemán no arranca ahora: viene de larga data, y lo que hace el paso del CEO por el país es acelerar y jerarquizar una propuesta que ya tenía, desde hace más de un año, su carta más fuerte sobre la mesa. Esa carta es el financiamiento.
La herida abierta de la Fuerza de Submarinos
Para dimensionar lo que está en juego hay que volver a noviembre de 2017, cuando el ARA San Juan se perdió en el Atlántico Sur con sus 44 tripulantes. Desde entonces, la Armada Argentina no tiene un solo submarino operativo. El ARA Salta sobrevive únicamente como plataforma de instrucción en la Base Naval Mar del Plata, y los submarinistas argentinos deben adiestrarse en armadas de la región para no perder la capacitación técnica.
Por primera vez en 90 años, el país carece de arma submarina. Y no es un detalle menor: el submarino es la herramienta de disuasión naval por excelencia, capaz de negarle a un adversario el uso del mar sin necesidad de una gran flota de superficie. Para un país con la extensión de litoral y de Zona Económica Exclusiva que tiene Argentina, esa ausencia es un agujero estratégico de primer orden. Recuperar la capacidad es una prioridad declarada del Gobierno desde que asumió Javier Milei.
Una pelea que ya tiene tres competidores
Con Thyssenkrupp jugando fuerte, la competencia por el futuro submarino argentino queda abierta en tres frentes, cada uno con su filosofía.
La francesa Naval Group tomó ventaja en 2024, cuando Argentina firmó una Carta de Intención por submarinos clase Scorpène en el marco de una visita oficial a Francia. El documento no es vinculante, pero sentó las bases de la negociación. El Scorpène es una plataforma de mayor desplazamiento y volumen interno, con amplio margen para integrar capacidades y sostener operaciones largas, a cambio de más complejidad y costo.

La alemana TKMS contraataca con un diseño basado en el Tipo 209NG, la evolución más moderna del submarino convencional más exitoso de la historia. Incorpora el sistema de combate ORCCA, sensores nuevos, propulsión más silenciosa, automatización avanzada y la flexibilidad de operar con baterías de plomo-ácido o de ion-litio sin modificaciones estructurales. Su arquitectura compacta abarata compra y operación, aunque limita el crecimiento futuro. A favor juega un dato de peso: la escuela submarina argentina moderna se construyó sobre diseños alemanes, así que la Armada conoce esa ingeniería de memoria.
La tercera carta es la surcoreana, con el HDS-1500 de Hyundai, que la firma promueve desde su programa con la Marina de Guerra del Perú y ofrece como punto intermedio entre el 209NG y el Scorpène.
El as en la manga alemán: el financiamiento
Acá está el argumento que explica por qué la visita del CEO no fue un gesto protocolar. La propuesta de TKMS no viene sola: viene respaldada por el propio Estado alemán.
Ya en febrero de 2025, según reportó la agencia Reuters, el Gobierno de Alemania avanzaba en la autorización de garantías estatales por un valor de 4.270 millones de dólares para apoyar la oferta de TKMS. El Ministerio de Finanzas alemán gestiona un crédito de exportación para financiar la compra de los tres submarinos, con el objetivo explícito de darle a Argentina condiciones de pago favorables y superar así la propuesta francesa.
El detalle es determinante. En un programa de esta escala, el financiamiento suele pesar tanto o más que las prestaciones del buque. Argentina no está en condiciones de pagar al contado una operación de miles de millones de dólares, y un esquema de crédito que difiera el desembolso y alivie el impacto sobre el presupuesto de defensa puede ser la diferencia entre un proyecto viable y uno que queda archivado. De hecho, la propia conducción de la Armada dejó asentado que el financiamiento es la variable central para definir la compra.
Para Berlín, colocar estos submarinos es una prioridad estratégica de Estado: sostener la presencia de TKMS en Sudamérica y consolidar su posición frente a la competencia francesa y surcoreana. La visita del CEO se entiende en esa clave, como el empujón final a una oferta que ya tenía el respaldo financiero listo.
Si la Armada se inclina por la opción alemana, el cronograma ya está esbozado: las entregas se realizarían aproximadamente entre 2034 y 2035 si el contrato se firma durante esta gestión. Es un plazo largo, propio de la complejidad de fabricar un submarino y de las pruebas de mar necesarias, pero le da a Argentina un horizonte concreto de recuperación.
El otro negocio: los fertilizantes de Vaca Muerta
Aunque la defensa es el plato fuerte, Thyssenkrupp llegó con una segunda apuesta. A través de Uhde, su división de ingeniería química, el grupo diseña plantas de amoníaco, urea y metanol desde hace más de un siglo, y quiere posicionarse como proveedor de tecnología para las futuras plantas de fertilizantes que promete traccionar el gas de Vaca Muerta.
El interés coincide con proyectos concretos, como la planta de urea de Pampa Energía en Bahía Blanca, por 2.700 millones de dólares, y una eventual ampliación de Profertil. Leído en clave estratégica, ese segundo frente le da al grupo alemán una carta de negociación más amplia: presentarse no como un simple vendedor de submarinos, sino como un socio industrial integral, un argumento que puede pesar a la hora de la definición.
Lo que va a definir la compra
Como en todo programa de esta escala, la decisión no se jugará solo en las prestaciones técnicas. El financiamiento será determinante, y ahí Alemania ya movió una ficha pesada con sus garantías estatales. Pero Francia no está fuera de juego con su Scorpène y la Carta de Intención firmada, y Corea del Sur irrumpe con transferencia industrial.
La visita del CEO de Thyssenkrupp confirma que Argentina volvió a ser un mercado que las grandes potencias navales del mundo quieren disputar en persona. El factor decisivo será cuál de ellas ofrezca la mejor combinación de capacidad, transferencia y, sobre todo, financiamiento. Después de casi una década sin submarinos, esa es la variable que finalmente pondrá a la Fuerza de Submarinos otra vez en el agua.
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