La Fuerza Aérea Paraguaya (FAP) trabaja para volver a contar con aviones a reacción, una capacidad que perdió hace más de dos décadas. Según trascendió, la fuerza analiza dos plataformas de origen taiwanés, el F-5 Tiger II en su variante F y el AT-3 Tzu Chung en versión A/B, dentro de un convenio de cooperación con Taiwán que ya venía nutriendo su modernización. La definición todavía no está cerrada, pero el marco general apunta a incorporar entre 10 y 15 unidades a partir de 2027.
De dónde viene el vacío
El origen del proceso hay que buscarlo en 2003, cuando la FAP dio de baja sus AT-26 Xavante, incorporados en 1979. Desde entonces la fuerza operó sin aviación de combate a reacción, sostenida en plataformas turbohélice para las tareas de ataque y entrenamiento. La recuperación de esa capacidad es el objetivo de fondo del acercamiento con Taiwán.
El anuncio lo hizo en julio el presidente Santiago Peña, en su condición de comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, tras la visita a Paraguay del subjefe del Estado Mayor de la Fuerza Aérea taiwanesa. La negociación, sin embargo, no es nueva, arrancó hace dos años por canales directos entre ambos mandos.
El convenio con Taiwán ya había dejado resultados concretos antes de esta definición. Por esa vía la FAP sumó helicópteros Bell UH-1H para ampliar su capacidad de transporte. En paralelo, la fuerza incorporó seis A-29 Super Tucano de Embraer, de los cuales cuatro ya están operativos.
Las dos opciones sobre la mesa
El F-5 Tiger II aparece como la carta más potable, y las razones son operativas antes que técnicas. Los pilotos de la Primera Brigada Aérea ya tienen familiaridad con el modelo por su participación en los ejercicios Salitre y CRUZEX, y la FAP mantiene vínculo con fuerzas aéreas de la región que operan la plataforma. A eso se suma un dato logístico relevante, la fuerza ya trabaja con Northrop Grumman, fabricante del F-5, a raíz del contrato por el sistema de radares AN/TPS-78.
Hay un matiz que condiciona esta opción. Taiwán retiró definitivamente sus F-5E/F en 2025, con una flota estimada en 35 aeronaves en condición de vuelo al momento de la baja. Eso abre la puerta a una cesión gradual de material dado de baja, un esquema que puede acortar plazos y costos, pero que también obliga a mirar de cerca el estado real de las células y las horas de vuelo remanentes.

La segunda opción es el AT-3 Tzu Chung, la única de las dos que sigue en servicio activo en Taiwán, con 47 unidades en flota. Esa disponibilidad le da al país asiático mayor margen para ceder material. El AT-3 alcanza una velocidad máxima de 900 km/h, tiene capacidad para dos tripulantes y admite armamento de cañón, bombas, cohetes y hasta dos misiles aire-aire, un perfil que lo hace apto tanto para entrenamiento avanzado como para ataque ligero.
La lógica de familiaridad también juega a favor del AT-3. Su configuración biplaza y su rol se acercan al de plataformas que los pilotos paraguayos ya vuelan, como el AT-27 Tucano y el A-29. Guarda además similitudes de concepto con el IA-63 Pampa argentino, otro avión con el que la FAP tiene contacto.

Lo que está en juego
Conviene leer esta definición en su justa medida. No se trata de una compra de aviones de combate de última generación, sino de la recuperación de una capacidad básica de entrenamiento avanzado y ataque ligero, apoyada en plataformas de generaciones anteriores que un socio estratégico da de baja. El valor real de la operación no está en el salto tecnológico, que es acotado, sino en volver a tener una línea de reacción operativa después de veintidós años de vacío.
El trasfondo geopolítico no es menor. Paraguay es uno de los pocos países de la región que mantiene relaciones diplomáticas plenas con Taiwán, y este tipo de convenios de cooperación militar refuerza ese alineamiento. La aviación de combate paraguaya, en ese sentido, no se reequipa solo por criterios técnicos, también expresa una decisión de política exterior sostenida en el tiempo.
La ejecución dependerá de la definición final entre las dos plataformas, del estado del material cedido y del ritmo con que Taiwán libere las unidades. Por ahora hay un rumbo claro y una ventana temporal, 2027, pero todavía no un modelo elegido ni un número cerrado.
La vuelta de Paraguay al mundo de los reactores es parte de un reacomodamiento aéreo que abarca a toda la región. Si no querés perderte nada, suscribite a El Debriefing, el newsletter de Gordos Defensa.









