El enclave español de Ceuta, en el norte de África, quedó desbordado esta semana después de que decenas de miles de migrantes cruzaran la frontera con Marruecos, en escenas que recuerdan a la crisis de 2021, pero a una escala mucho mayor y más mortífera. Las autoridades regionales estimaron que unas 60.000 personas, en su mayoría jóvenes marroquíes, ingresaron al pequeño territorio en apenas unos días, ya sea nadando, en balsas inflables o escalando los espigones cercanos a la playa de Tarajal. La cifra equivale a más de la mitad de la población habitual de Ceuta.
El costo humano fue grave. Las autoridades confirmaron que decenas de personas murieron en el caos, muchas ahogadas durante la travesía desde la ciudad marroquí de Fnideq y otras aplastadas en estampidas contra los espigones de roca de la frontera. El número de víctimas creció a lo largo de la semana a medida que se recuperaban más cuerpos.
Madrid llama al ejército
La magnitud de los cruces empujó al Gobierno español a recurrir a las Fuerzas Armadas para reforzar a la Guardia Civil, cuyos agentes describieron la situación sobre el terreno como un caos total. Las unidades del ejército ya estacionadas en Ceuta recibieron la tarea de prestar apoyo logístico y de vigilancia a lo largo de la frontera, mientras que el contacto directo con los migrantes siguió en manos de la Guardia Civil.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, viajó a Ceuta junto al ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, para reunirse con responsables de seguridad y líderes locales, luego de que el presidente regional, Juan Jesús Vivas, reclamara la declaración de emergencia nacional y advirtiera que los centros de acogida estaban completamente desbordados. La crisis también desató una fuerte reacción política: el líder de Vox, Santiago Abascal, calificó los cruces de «invasión», mientras que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, consideró inaceptables las imágenes e instó a España a acelerar las devoluciones y desmantelar las redes de contrabando.
La onda expansiva europea
Al cierre de la semana, las autoridades españolas informaron que la mayoría de quienes habían entrado estaban siendo devueltos a Marruecos, con decenas de miles ya repatriados en virtud de un acuerdo de retorno acelerado entre Madrid y Rabat. Aun así, miles de personas permanecieron en el enclave, durmiendo en parques y aceras mientras los funcionarios ampliaban a las apuradas la capacidad de los refugios.
El episodio reavivó tensiones más allá de las fronteras españolas. Francia anunció controles más estrictos en su propia frontera con España, y la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, llegó a plantear la suspensión de España de la zona Schengen. El detonante exacto del aumento sigue en disputa: las autoridades de Ceuta apuntaron a un reciente fallo judicial español que limita el retorno inmediato de los migrantes que llegan por mar, aunque también se citaron las dificultades económicas en Marruecos, en un eco de las fallas diplomáticas y humanitarias ya expuestas durante la crisis de 2021.
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