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Fuerza Aérea Paraguaya: el rearme silencioso que despegó desde el Chaco

Detalle de las hélices Hartzell y el número 03 de un A-29B Super Tucano de la Fuerza Aérea Paraguaya estacionado en plataforma durante Salitre 2026

La Fuerza Aérea Paraguaya cerró la primera mitad de 2026 con el perfil más alto que ha tenido en cuatro décadas. Cuatro A-29B Super Tucano volaron sobre el desierto de Atacama en Salitre 2026, un radar de vigilancia norteamericano avanza hacia su instalación y el Grupo Aéreo de Helicópteros sumó células donadas por Taiwán. Ninguno de esos movimientos ocurrió por separado. Todos respondieron a la misma lectura: el espacio aéreo paraguayo se convirtió en un corredor de tránsito para el narcoterrorismo regional, y el país llegó tarde a defenderlo.

Infografía del inventario de la Fuerza Aérea Paraguaya en 2026 con ala fija y ala rotatoria, incluye A-29 Super Tucano, EMB-312, T-35 Pillán, C-212 y UH-1H
Orden de batalla de la Fuerza Aérea Paraguaya actualizado al 1 de agosto de 2026. Infografía: Gordos Defensa

De la posguerra del Chaco a la Fuerza Aérea Paraguaya de 2026

La aviación militar paraguaya nació con una identidad forjada en combate. La Batalla Aérea de Ballivián, librada el 8 de julio de 1934 contra Bolivia, quedó fijada como el Día de la Aviación de Caza y todavía ordena el calendario institucional. El II Escuadrón de Caza «Indios», que hoy opera los Super Tucano, tomó su nombre de la escuadrilla de Fiat C.R.20bis que entró en batalla en 1933.

Esa herencia convivió durante décadas con una realidad mucho más magra. Los AT-26 Xavante se desactivaron definitivamente en 2004 tras veinticinco años de servicio, y Paraguay quedó sin capacidad de ataque real. A mediados de los años noventa, Taiwán llegó a anunciar la donación de doce F-5E/F, con repuestos, mantenimiento y formación de pilotos incluidos. Sin embargo, la operación nunca se concretó por cuestiones políticas. Durante buena parte de los últimos veinte años, la fuerza sostuvo su línea de vuelo con material de entrenamiento adaptado a tareas que lo excedían.

La estructura actual se organiza sobre dos comandos operativos centrales. El Grupo Aerotáctico concentra la capacidad de ataque ligero y entrenamiento avanzado. El Grupo Aéreo de Helicópteros agrupa las alas rotativas de transporte, evacuación y apoyo humanitario. La conducción quedó a cargo del general del aire Julio Fullaondo, con el cuartel general en Ñu Guazú, Luque, y bases operativas repartidas entre la región oriental y el Chaco.

El punto de inflexión llegó en 2024. Ese año, el Estado paraguayo firmó con Embraer la compra de seis A-29 Super Tucano, y la Fuerza Aérea Paraguaya recuperó, por primera vez en dos décadas, una capacidad de combate propia y homologada.

El II Escuadrón «Indios» y el salto del A-29B Super Tucano

El contrato con Embraer alcanzó los USD 96.681.379, financiados mediante un préstamo del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social de Brasil al Estado paraguayo. El paquete no se limitó a las células. Incluyó soporte logístico por un año, simuladores, y el entrenamiento de ocho pilotos y doce mecánicos a cargo de la firma brasileña.

Dos A-29B Super Tucano de la Fuerza Aérea Paraguaya rodando en pista durante el ejercicio Salitre 2026 en Cerro Moreno, Antofagasta
Dos A-29B Super Tucano del II Escuadrón de Caza «Indios» durante el debut internacional de la Fuerza Aérea Paraguaya en Salitre 2026. Foto: Gordos Defensa

Las primeras cuatro aeronaves aterrizaron en junio de 2025 en la Primera Brigada Aérea. Los dos ejemplares restantes se habían previsto para el último trimestre de ese año, después para marzo de 2026, y finalmente acumularon retrasos que Embraer confirmó en forma pública. La causa fue de agenda industrial: la carga de pedidos internacionales del A-29 empujó las entregas paraguayas hacia atrás. A la fecha de este relevamiento, la fuerza mantiene cuatro células operativas y dos proyectadas.

Los cuatro A-29B en servicio se destacaron en la base aérea de Mariscal Estigarribia, en pleno Chaco paraguayo. La elección no fue casual. Desde ahí, el escuadrón cubre el control del espacio aéreo de la región occidental, que es exactamente la zona por donde ingresan las aeronaves no autorizadas provenientes del norte.

El sistema ya dio resultados concretos. En enero de 2026, un Super Tucano interceptó una avioneta boliviana en Concepción con apoyo de un radar móvil. La aeronave terminó forzada a un aterrizaje de emergencia y fue destruida posteriormente. El ministro de Defensa, Óscar González, calificó la operación como histórica, y con razón: fue la primera vez que Paraguay ejecutó una intercepción completa con medios propios.

Junto al A-29B, el Grupo Aerotáctico conserva seis EMB-312 Tucano. La plataforma cumplió décadas de servicio y sostuvo sola la capacidad COIN durante los años sin cazas. Su rol ahora se corrió hacia el entrenamiento avanzado y el enlace táctico, pero sigue siendo el segundo escalón real de la fuerza.

Pillán, Tucano y el cuello de botella de la formación

El inventario de entrenamiento se apoya en cinco T-35 Pillán de fabricación chilena. La aeronave cubre la instrucción primaria y funciona como filtro inicial de la carrera de piloto militar. Es un diseño probado y barato de operar, pero no resuelve el escalón intermedio.

Ahí aparece el problema estructural. Entre el Pillán y el A-29B media un salto de complejidad que los Tucano vienen cubriendo a fuerza de horas y de células envejecidas. Sin un entrenador avanzado dedicado, la formación de pilotos de caza queda apoyada sobre plataformas que ya deberían estar en retiro programado.

El presidente Santiago Peña adelantó en julio de 2026 que existe un proyecto con Taiwán para incorporar aeronaves de formación de pilotos. Los altos mandos de la Fuerza Aérea Paraguaya no dieron detalles sobre el modelo. El general Fullaondo, por su parte, anunció un proyecto de modernización de mayor alcance para el primer semestre de 2027, sin precisar contenido.

El comandante dejó una definición que ordena todo el proceso: ningún medio adquirido cobra trascendencia sin capacitación y profesionalización del recurso humano. Es una lectura correcta y, en el caso paraguayo, urgente. La fuerza incorporó en dieciocho meses un sistema de armas moderno, un radar de vigilancia y una flota de helicópteros ampliada. La capacidad de generar tripulaciones no creció al mismo ritmo.

Salitre 2026 funcionó como prueba de ese cuello de botella. La FAP llevó alumnos en formación de líderes de escuadrilla de caza, y desplegó a la primera piloto paraguaya habilitada en el A-29B. La delegación pasó de observadora a participante plena, con 27 efectivos y unas 65 horas de vuelo previstas. El salto fue real, pero se apoyó sobre una base de personal todavía estrecha.

Transporte y enlace: la flota que sostiene el territorio

El componente de transporte carga con una responsabilidad que excede lo militar. Paraguay no tiene salida al mar y arrastra déficits de conectividad terrestre en el Chaco, de modo que la aviación estatal opera como infraestructura crítica en emergencias, evacuaciones y despliegue logístico.

Tres CASA C-212 Aviocar forman la columna vertebral de esa capacidad. La plataforma soporta pistas cortas y no preparadas, lanza carga y personal paracaidista, y sostiene el abastecimiento de los destacamentos del oeste. Un C-212 acompañó al contingente paraguayo en Salitre 2026 con esas mismas tareas.

Tres Cessna 208 Grand Caravan cubren el transporte ligero y el enlace entre bases. Un DHC-6 Twin Otter completa el segmento, con la ventaja específica de operar en condiciones donde el resto de la flota no llega.

El segmento de enlace y VIP se compone de un Cessna Citation Sovereign, donado por Taiwán y asignado al transporte presidencial, y dos Beechcraft 58 Barón. Ninguno aporta capacidad operativa de combate, pero descargan a la flota táctica de tareas de traslado que de otro modo consumirían horas de C-212.

El cuadro general muestra una flota funcional y ordenada, con una debilidad clara: el número. Un solo Twin Otter significan que cualquier inmovilización por mantenimiento borra la capacidad entera. Es el tipo de fragilidad que no aparece en los conteos de inventario y que sí aparece en la primera crisis real.

Alas rotativas y la dependencia de la donación

El Grupo Aéreo de Helicópteros opera seis UH-1H, un H125, un Bell 427 y un Bell 407GXi. La composición cuenta una historia que trasciende lo aeronáutico.

Taiwán donó casi treinta aeronaves de ala rotativa a Paraguay desde mediados de los años noventa. En agosto de 2025, cuatro UH-1H adicionales se incorporaron en una ceremonia encabezada por Peña, y el comandante Fullaondo definió al tipo como la espina dorsal del componente, con más de veinte mil horas de vuelo y tres décadas en inventario. El presidente volvió a citar esa entrega en julio de 2026, durante el acto por el Día de la Aviación de Caza, como parte del balance de inversión en la fuerza.

Ahí está el dato incómodo. El UH-1H es una aeronave cuyo diseño original data de los años sesenta. Paraguay sostiene su capacidad de transporte helitransportado sobre un tipo que el resto de la región retiró o está retirando. La donación resuelve el problema de disponibilidad inmediata, pero congela la modernización: cada lote recibido posterga la decisión de comprar una plataforma actual.

El resto del componente confirma la lectura. El H125 cubre enlace, observación y apoyo ligero con una sola célula disponible. El Bell 427, reactivado tras un período fuera de servicio, y el Bell 407GXi quedaron asignados al segmento presidencial y de traslado de autoridades. Ninguno aporta capacidad de transporte táctico de tropa.

La conclusión analítica de Gordos Defensa es directa: el componente de ala rotativa paraguayo no se modernizó, se repobló. La diferencia importa. Una flota sostenida por donaciones de material de segunda mano gana disponibilidad numérica sin ganar capacidad, y queda atada a la voluntad política de los donantes. Mientras el Grupo Aerotáctico dio un salto generacional con el A-29B, el Grupo Aéreo de Helicópteros siguió operando la misma plataforma que volaba en 1995.

El radar que falta y el cerco al narcoterrorismo

La pieza más determinante del rearme paraguayo todavía no está instalada. El paquete contratado a Northrop Grumman por USD 45.763.000 incluye un centro de mando y control, un radar AN/TPS-78 ADCAP, sistemas de comunicación, software, muro de video y un lote de repuestos. Suma además la capacitación de veinte técnicos de radar, veinte operadores de radar y veinte operadores de centro de control.

Radar de vigilancia AN/TPS-78 de Northrop Grumman desplegado con antena plana elevada, sistema contratado por la Fuerza Aérea Paraguaya
El AN/TPS-78 de Northrop Grumman, sistema de vigilancia aérea contratado por Paraguay con instalación prevista para fines de 2027. Foto: Northrop Grumman

La empresa se comprometió a completar la entrega en un plazo de treinta meses desde enero de 2025. La proyección oficial ubica la instalación hacia fines de 2027. Hasta entonces, el control del espacio aéreo paraguayo depende de radares móviles y de coordinación con países vecinos.

Sin vigilancia permanente, el A-29B pierde buena parte de su valor. Un avión de ataque ligero intercepta lo que otro sistema detectó primero. La intercepción de Concepción funcionó justamente porque hubo un radar móvil en posición.

Paraguay llevó ese diagnóstico al plano regional. En la 65ª conferencia del Sistema de Cooperación entre las Fuerzas Aéreas Americanas, Peña definió al crimen organizado como el principal enemigo de la región y propuso la vigilancia, el control y la protección del espacio aéreo frente a vuelos ilícitos como eje de trabajo compartido.

El planteo tiene lógica geográfica. Paraguay limita con Bolivia, Brasil y Argentina, y ocupa el centro exacto del corredor que conecta las zonas de producción andinas con los puertos de salida del Atlántico. Las estructuras narcoterroristas que operan ese corredor usan aeronaves ligeras y pistas clandestinas en el Chaco. Cerrar ese tránsito exige cobertura radar continua, no vuelos de reacción.

Lo que la Fuerza Aérea Paraguaya ganó y lo que todavía le falta

El balance de este ciclo se lee en dos columnas.

Del lado de las ganancias, la Fuerza Aérea Paraguaya recuperó capacidad de ataque y de intercepción tras veinte años sin ella. Ejecutó su primera intercepción real con medios propios. Debutó en un ejercicio multinacional de nivel OTAN junto a Chile, Argentina, Brasil, Colombia, Estados Unidos y el Reino Unido. Y avanzó en la formación de un cuadro de pilotos habilitados en una plataforma moderna, con presencia femenina en la línea de vuelo de caza.

Del lado de las deudas, la lista es igual de concreta. Dos A-29B siguen pendientes de entrega, el radar de vigilancia no estará operativo hasta 2027, el escalón de entrenamiento avanzado depende de un proyecto sin modelo definido. Mientras tanto el componente de ala rotativa se sostiene sobre donaciones de material envejecido, y varios segmentos, como transporte pesado, operan con una sola célula.

Fullaondo señaló que la modernización institucional también pasa por la actualización del marco legal, no solo por la infraestructura. Es un punto que suele quedar afuera de los análisis de inventario y que en Paraguay pesa: la doctrina de empleo del poder aéreo contra amenazas no estatales todavía no está resuelta en la legislación.

El rearme paraguayo, entonces, no fue un salto completo. Fue un primer escalón bien ejecutado, financiado en buena medida con crédito brasileño y donaciones taiwanesas, sobre una base institucional que arrastra décadas de postergación. Lo que ocurra en el primer semestre de 2027, cuando se crucen la instalación del radar y el anunciado proyecto de modernización, definirá si Paraguay construyó una capacidad sostenible o si solamente compró tiempo.


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