En la mañana del miércoles 16 de septiembre, un ataque con drones tuvo como blanco el radar 3D de la Aeronáutica Civil, instalado en el corregimiento de El Carmelo, zona rural de Candelaria, Valle del Cauca. El ataque ocurrió alrededor de las 07:00 y produjo varias detonaciones en el área del radar. La acción no dejó víctimas. Sí dejó a la vista una vulnerabilidad estructural del Estado colombiano.
Habitantes de la zona reportaron al menos tres explosiones, mientras que la Alcaldía de Candelaria informó posteriormente sobre cuatro detonaciones. De acuerdo con la información preliminar, las afectaciones estarían concentradas en componentes como los transmisores y la antena que prestan servicio al aeropuerto internacional Alfonso Bonilla Aragón, ubicado en Palmira. Como medida preventiva, más de 1.400 estudiantes de tres sedes educativas cercanas al lugar fueron evacuados.
El Carmelo: cuatro detonaciones contra el primer radar 3D civil de Colombia
El sistema afectado es el primer radar 3D civil instalado en Colombia. Fue inaugurado en julio de 2025, con una inversión de 41.400 millones de pesos, y está destinado a fortalecer la vigilancia del espacio aéreo en esta zona del país. La estructura apoyaba la vigilancia aérea y la detección de aeronaves clandestinas. Ese último dato explica el blanco. Un radar que detecta vuelos irregulares sobre el suroccidente colombiano molesta directamente a las economías narcoterroristas de la región.

La Fuerza Aérea Colombiana también desplegó una aeronave para realizar un reconocimiento armado sobre la zona y reforzar la seguridad del área, mientras Aerocivil activó sus protocolos de contingencia para mantener la continuidad de los servicios de navegación aérea. La gobernadora Dilian Francisca Toro afirmó que, aunque los drones impactaron el sistema, el aeropuerto y el radar continuaron en funcionamiento. Los impactos afectaron la coraza de fibra de vidrio que protege el equipo de las condiciones climáticas.
La autoría no ha sido confirmada de manera oficial. Toro señaló que la principal hipótesis apunta al Estado Mayor Central y mencionó como posibles responsables a los frentes Jaime Martínez y Adán Izquierdo, que tienen presencia en áreas de la cordillera Central. Un día después del ataque, la gobernadora anunció una recompensa de 50 millones de pesos por información sobre los responsables.
El episodio no llegó solo. El día anterior, en Jamundí, tropas de la Tercera Brigada interceptaron y desactivaron controladamente un artefacto explosivo tipo cilindro que pertenecería, presuntamente, al frente Jaime Martínez, grupo disidente del Bloque Occidental Comandante Jacobo Arenas (BOCJA), del Nuevo Estado Mayor Central.
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Los ataques con drones FPV contra radares ya componen un patrón operacional
El Carmelo repitió un procedimiento ya ensayado. El 25 de abril de 2026, al menos diez explosiones impactaron la estación de radar de Santana, en El Tambo, Cauca, e interrumpieron el suministro de datos de seguimiento y control de vuelos en ese corredor aéreo estratégico. La Aerocivil confirmó que el sistema de antenas sufrió impactos directos y que el radar quedó fuera de servicio. Esa estación brindaba cobertura de vigilancia y comunicaciones para la navegación aérea sobre el Pacífico colombiano y buena parte del suroccidente del país.
Ese mismo día hubo una acción paralela. En Popayán fue neutralizado un dron con explosivos que, según información oficial, tenía como objetivo el Cantón Militar José Hilario López, lo que evidencia una coordinación de acciones en el departamento.
La secuencia tampoco se limitó al suroccidente. En febrero de 2026, una base de la Fuerza Aeroespacial Colombiana en Arauca fue atacada con drones del tipo FPV y una oficial resultó herida. El 18 de diciembre de 2025, guerrilleros del ELN atacaron con drones un batallón del ejército en el Cesar, con siete soldados muertos y más de 30 heridos.
Los ataques con drones FPV contra radares responden a una lógica simple. Las estaciones son fijas, tienen coordenadas conocidas y ocupan cerros aislados. Su defensa depende de una guarnición terrestre que no puede interceptar un cuadricóptero de siete kilos. Estos sistemas vuelan a ras del suelo, cambian de dirección de forma repentina y operan en frecuencias difíciles de bloquear sin afectar otras comunicaciones. El resultado es un intercambio económico brutalmente favorable al agresor: municiones de pocos cientos de dólares contra infraestructura de decenas de miles de millones de pesos.









