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Fuerza Aérea Boliviana: el 95% en tierra y el plan que busca levantarla

Helicóptero AS332C1e Super Puma Jatun Puma matrícula FAB-782 de la Fuerza Aérea Boliviana en vuelo

La flota Fuerza Aérea Boliviana llegó a 2026 con un diagnóstico que pocas fuerzas aéreas de la región se atreverían a publicar. En abril, el entonces ministro de Defensa Marcelo Salinas informó ante la Comisión de Defensa de Diputados que cerca del 95% de las aeronaves de la institución estaban en tierra e inoperables. La cifra para revertirlo también fue oficial: unos 100 millones de dólares. Cuatro meses después, el Gobierno de Rodrigo Paz salió a mostrar lo contrario. En la Parada Militar del 7 de agosto en El Alto, el mando militar exhibió la recuperación de un lote de 25 aeronaves y lanzó el Plan Estratégico Militar Horizonte Patria 2042.

Infografía con el inventario completo de la Fuerza Aérea Boliviana en 2026, ala fija y ala rotatoria
Inventario verificado de la Fuerza Aérea Boliviana a agosto de 2026. Elaboración: Gordos Defensa

Un diagnóstico de 100 millones de dólares

El informe de Salinas ante la Comisión de Defensa no dejó margen para la interpretación optimista. El ministro describió una fuerza que abarca desde helicópteros hasta aviones de caza y sostuvo que el 95% de esas naves permanecía en tierra, sin la capacidad operativa necesaria. La declaración se produjo en abril, apenas cinco meses después de que Paz asumiera la presidencia y posicionara a un nuevo Alto Mando.

El 13 de noviembre de 2025, a cinco días de asumido el Gobierno, Paz juramentó a la nueva cúpula militar y la Fuerza Aérea quedó a cargo del general de brigada aérea Sergio Fernando Lora. En su discurso, el mandatario planteó un cambio para que las Fuerzas Armadas pudieran depender de sus propios procesos y de sus propias fuentes económicas. Definió tres ejes, centrados en modernización tecnológica, seguridad interna y función social, y desarrollo doctrinal y de recursos humanos.

El contexto tampoco ayudó. Bolivia atravesó su peor crisis económica en décadas, con caída en la producción energética y escasez de dólares. A eso se sumaron los conflictos sociales, en los que desde mayo las protestas en La Paz derivaron en 53 días de bloqueo que dejaron a la sede de gobierno prácticamente sitiada.

El caso de los Super Puma resume el problema mejor. En diciembre de 2025, cuando el desborde de los ríos en Santa Cruz dejó veinte muertos, diez desaparecidos y más de 2.100 familias afectadas solo en El Torno y Colpa Bélgica, los seis helicópteros de gran capacidad de la FAB estaban en tierra. El viceministro de Defensa Civil, Alfredo Troche, explicó que gestiones de los ministerios de Defensa y de Gobierno consiguieron que una empresa extranjera ubicara los repuestos en 24 horas y devolviera una sola célula al vuelo. Ese helicóptero rescató por aire a buena parte de las 300 personas evacuadas de las zonas inundadas, y su capacidad multiplicaba por cinco o seis la de las tres máquinas menores que ya operaban. Los otros cinco siguieron detenidos por el costo de la reparación. Troche señaló la causa: el mantenimiento no se hizo cuando correspondía, y hacerlo después salió mucho más caro.

Adicionalmente, las pérdidas. El 27 de febrero, un C-130 se salió de pista en el aeropuerto de El Alto durante un vuelo con mal tiempo, mientras transportaba billetes. Murieron al menos 22 personas, entre ellas un tripulante y el accidente obligó a suspender las operaciones del aeropuerto y derivó en una alerta de la banca boliviana, que pidió rechazar depósitos con las series de billetes identificadas. El 21 de junio, un Cessna 210 cayó en el departamento de Cochabamba y murieron las seis personas a bordo. Incluso el avión presidencial falló: el 5 de marzo, el Falcon 900EX EASy matrícula FAB-001 registró fallas inusuales en vuelo doméstico y debió realizar un aterrizaje preventivo en El Alto, lo que retrasó el viaje de Paz a Miami.

Restos del C-130 de la Fuerza Aérea Boliviana tras salirse de pista en el aeropuerto de El Alto
El fuselaje del C-130 quedó partido tras el accidente del 27 de febrero de 2026 en El Alto. Crédito: RRSS

La flota Fuerza Aérea Boliviana que sí voló

Con ese telón de fondo, conviene precisar qué quedó realmente en línea de vuelo. La flota Fuerza Aérea Boliviana no es grande, pero está lejos de ser homogénea. Su composición explica mejor que cualquier discurso qué tipo de fuerza aérea es Bolivia hoy.

En el segmento de entrenamiento y ataque ligero sobrevive un único tipo con capacidad de combate: el K-8VB Karakorum, de origen chino. Bolivia recibió seis unidades de los cuales dos se perdieron en accidentes documentados. El FAB-663, del Grupo Aéreo de Caza 34, cayó sobre una vivienda en Sacaba el 24 de marzo de 2021 durante una misión de entrenamiento; ambos tripulantes se eyectaron y una mujer murió en su casa. El FAB-661 fue dado de baja tras un accidente el 27 de enero de 2023. Con ello quedan cuatro células, ese es todo el componente de combate del país.

La instrucción descansa en material ligero y variado. Dos Pilatus PC-7, últimos supervivientes de una compra que convirtió a Bolivia en uno de los primeros clientes de exportación del diseño suizo. Tres Zlin Z-242L para instrucción primaria y acrobática. Cinco Diamond DA40 CS para la transición a vuelo instrumental. Dos Neiva N-621 Universal recibidos de Brasil, ya en el tramo final de su vida operativa. Finalmente un Cessna 172, el FAB-245, para formación básica de aviadores.

El enlace y la observación concentran el grueso numérico. Diez Cessna U206, el tipo más numeroso del inventario, repartidos entre grupos aéreos dispersos por el territorio. Cuatro Cessna 210 Centurion, presentes en varias unidades remotas y un Cessna 402C.

El transporte se apoya en dos C-130B Hercules, la franja VIP y ejecutiva incluye tres Beechcraft King Air (200C, 250 y 350i), el Falcon 900EX EASy presidencial y un Falcon 50EX asignado históricamente a la Vicepresidencia con dudosa operatividad. Un Learjet 25B, el FAB-008, sirve al Servicio Nacional de Aerofotogrametría en misiones de levantamiento geoespacial, cartografía y monitoreo territorial.

Avión de entrenamiento y ataque ligero K-8VB Karakorum FAB-665 de la Fuerza Aérea Boliviana en rodaje
El K-8VB matrícula FAB-665 es una de las cuatro células que sobreviven del lote original de seis. Crédito WikiCommons.

En ala rotatoria, cinco UH-1H Iroquois cubren operaciones antidroga, herencia directa de la Red Devil Task Force que el Departamento de Estado de Estados Unidos desplegó en su momento, dos AS350B3 Écureuil y un solo AS332C1e Super Puma, de los seis Jatun Puma que Bolivia compró a Francia en 2013 por 165,6 millones de dólares. Finalmente dos R44 Raven y dos EC145 completan entrenamiento y transporte VIP.

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El mantenimiento como política de Estado

El 22 de abril, la FAB conmemoró los 106 años del primer vuelo en Bolivia. La fecha recuerda a Donald Hudson, que el 17 de abril de 1920 despegó de El Alto y completó el primer cruce aéreo de la Cordillera de los Andes. El acto sirvió para algo más que la efeméride. La institución presentó ocho aviones que estaban inoperativos y que volvieron a la línea de vuelo tras procesos de mantenimiento realizados en sus propias instalaciones.

El detalle importa porque desmiente la lectura fácil. No hubo compras, solo taller. Se reincorporaron dos aviones de transporte: un C-130B Hercules matrícula FAB-61, del Grupo Aéreo de Transporte 72, y un C-212 Aviocar de TAMpe. Se sumó el Learjet 25B FAB-008, una célula que llevaba años en tierra. Ya en 2009 se reportaba que ese avión permanecía inmovilizado a la espera de un cambio de plantas de poder. Seguido por el antecedente de diciembre demostró que el cuello de botella no siempre fue técnico. Una vez que hubo decisión política, un Super Puma volvió a volar en 24 horas.

El Grupo Aéreo de Entrenamiento 21 recuperó cinco células. Dos Zlin, matrículas FAB-513 y FAB-514, para instrucción primaria y acrobática, dos Diamond DA-40, FAB-520 y FAB-523, para vuelo instrumental. Tambien el Cessna 172 FAB-245, para formación básica.

Ahí está el punto que se pasó por alto. Una fuerza aérea con el 95% del material en tierra no pierde primero capacidad de combate. Pierde capacidad de formar pilotos. Sin aviones de instrucción no hay cadetes habilitados, y sin cadetes habilitados no hay tripulaciones para operar lo que eventualmente se compre. Bolivia empezó a reparar por el extremo correcto de la cadena.

El resultado se mostró en agosto. Durante la Parada Militar por los 201 años de las Fuerzas Armadas, celebrada en El Alto tras siete años de ausencia en ese municipio y con más de 5.000 efectivos, el mando destacó el despliegue de puentes aéreos logísticos durante los bloqueos en La Paz. Ese despliegue se respaldó, según el propio relato oficial, en la recuperación de un lote de 25 aeronaves.

Falcon 900EX EASy matrícula FAB-001 de la Fuerza Aérea Boliviana en aproximación final
El Falcon 900EX EASy FAB-001, avión presidencial boliviano desde 2010.

Horizonte Patria 2042 y la amenaza narcoterrorista

El mismo 7 de agosto, el Gobierno lanzó el Plan Estratégico Militar Horizonte Patria 2042. El objetivo declarado fue modernizar la institución castrense y adaptarla a nuevos riesgos y amenazas, con adaptación a estándares globales, una nueva unidad para emergencias y un enfoque en derechos humanos y transparencia.

Desde febrero, la administración Paz venía trabajando un Plan Nacional de Defensa centrado en la soberanía, los recursos naturales y la democracia, con la intención declarada de impulsar un nuevo liderazgo militar para enfrentar las llamadas guerras híbridas. El diseño incluyó el fortalecimiento de alianzas con países vecinos, entre ellos Argentina, Chile y Brasil, en ruptura con el alineamiento de las dos décadas anteriores.

El componente aéreo tiene un destinatario concreto. El 31 de julio, en el 74 aniversario del Colegio Militar de Aviación Teniente General Germán Busch Becerra, en Santa Cruz, Paz definió la amenaza sin eufemismos. Sostuvo que Bolivia debe enfrentar al crimen organizado transnacional, pero también a un fenómeno nuevo que se instala en el país: el narcoterrorismo, que calificó como un peligro hemisférico para las democracias de la región. Añadió que no es solo Bolivia la que sufre esos ataques.

En el mismo discurso planteó qué debe hacer la Fuerza Aérea con eso. Pidió modernizarla con nueva tecnología para fortalecer la protección del espacio aéreo, resguardar recursos estratégicos y mejorar la capacidad de respuesta ante emergencias como los incendios forestales. Reconoció explícitamente el trabajo de la FAB en las labores de mitigación y rescate durante los incendios en el departamento de Tarija.

También marcó el límite del enfoque comprador. Una institución moderna no se construye solamente comprando aeronaves, afirmó, sino formando mejores oficiales y recuperando capacidades.

Lo que la flota Fuerza Aérea Boliviana todavía no tiene

Hay un vacío que ningún plan de mantenimiento resuelve. Bolivia retiró sus Lockheed T-33 en 2017, tras 44 años de servicio, y fue el último operador del tipo en el mundo. Desde entonces, la FAB no ha contado con una plataforma de interceptación dedicada.

Eso deja al K-8VB como único vector armado. El Karakorum es un entrenador intermedio con capacidad de ataque ligero. Mientras que si sirve para interdicción de aeronaves lentas y para apoyo aéreo cercano en un escenario permisivo, no sustituye a un interceptor, y con cuatro células disponibles la cobertura sobre un territorio de más de un millón de kilómetros cuadrados resulta simbólica.

El problema es doblemente relevante por el enfoque declarado del Gobierno. Si la prioridad es el narcoterrorismo y la protección del espacio aéreo, el instrumento central no es el avión de combate pesado sino la combinación de radar, mando y control, y plataformas de interceptación de vuelo lento. Bolivia ya cuenta con un sistema de defensa y control del tránsito aéreo, y el debate abierto pasa por seleccionar un modelo de interceptor que lo complemente. No hay contrato conocido ni proceso formal en curso.

Tampoco hay presupuesto visible para el salto. Los 100 millones de dólares que el Ministerio de Defensa calculó en abril corresponden a reparación y puesta en servicio del material existente, no a adquisiciones. Bolivia carece de industria de defensa propia más allá de COFADENA, que produce munición de armas ligeras y opera depósitos de mantenimiento. Todas las plataformas mayores son importadas.

La lectura de conjunto es la siguiente. En diez meses, la administración Paz convirtió una fuerza aérea con el 95% del material en tierra en una que volvió a formar pilotos, a operar puentes aéreos y a recuperar veinticinco células. Lo hizo sin comprar un solo avión nuevo. Ese logro es real y es medible, pero también marca el techo del método. El mantenimiento recupera lo que existe, y lo que existe en la flota Fuerza Aérea Boliviana es un inventario mayoritariamente ligero, envejecido y sin componente de intercepción. Horizonte Patria 2042 tiene veinte años por delante para responder si el segundo paso llega, y con qué dinero.

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