La prensa francesa encendió las alarmas esta semana. Dos medios especializados de ese país plantearon que Naval Group podría perder el contrato por los tres futuros submarinos de la Armada Argentina, un mercado estimado en unos 2.200 millones de euros en el que el industrial francés fue considerado favorito durante casi dos años. El tono fue de derrota anticipada, sin embargo, nada de eso quedó confirmado.
Naval Group Argentina: un favoritismo que nunca se convirtió en contrato
El expediente Naval Group Argentina arrastra un problema de origen que no es técnico sino financiero. La carta de intención entre Buenos Aires y París se firmó en octubre de 2024 por tres Scorpène Evolved, y desde entonces quedó pendiente el punto más espinoso: el financiamiento. Un año después, el presidente Javier Milei volvió a confirmar públicamente la preferencia por el Scorpène, aunque hasta hoy no se firmó ningún contrato. La Oficina de Respuesta Oficial ya había desmentido en febrero de 2026 que existiera una compra en curso.
A eso se sumó un obstáculo industrial. El astillero de Naval Group en Cherburgo se encuentra saturado por el pedido neerlandés y por los programas franceses Barracuda y SNLE 3G. De ahí nació la carta brasileña. Brasil propuso que las tres unidades destinadas a la Armada Argentina se construyeran en el astillero Itaguaí Construções Navais, que ya entregó los cuatro Scorpène encargados por la Marina de Brasil en 2008. La jugada resolvería plazos y agregaría un esquema de financiamiento regional. También arrastraría una carga política evidente, porque obligaría a la administración libertaria a cerrar un acuerdo estratégico con el gobierno de Lula da Silva.
Hace apenas dos semanas, entre el 13 y el 24 de agosto, el submarino MB Humaitá (S41) amarró en la Base Naval Mar del Plata para participar del Ejercicio Combinado Fraterno XXXIX junto a la fragata Tamandaré, la corbeta Unión y el buque de socorro submarino Guillobel. Fue el primer despliegue internacional de esa unidad, segunda de la clase Riachuelo y versión brasileña del Scorpène construida en Itaguaí bajo el programa PROSUB.
Durante el tránsito desde Río de Janeiro, dos oficiales y dos suboficiales submarinistas de la Armada Argentina navegaron embarcados en el Humaitá. La fuerza ya puso tripulación propia dentro de un Scorpène de construcción brasileña, en el mismo diseño que Naval Group ofrece para las tres unidades.
Alemania nunca soltó el hueso
TKMS jamás abandonó la pulseada, ni siquiera cuando la señal política argentina apuntó hacia Francia. En febrero de 2025 el Bundestag autorizó al astillero alemán a valerse de garantías financieras otorgadas por el Estado para vender tres submarinos Tipo 209NG a la Argentina. La magnitud del respaldo explicó por sí sola la agresividad de la oferta. El Frankfurter Allgemeine Zeitung informó que la responsabilidad máxima del gobierno federal se fijó en 4.100 millones de euros, una suma muy superior a los 2.200 millones previstos por Buenos Aires para la compra. Der Spiegel resumió la maniobra como un intento alemán de superar al constructor francés mediante créditos a la exportación concedidos con apuro.
Adicionalmente, el mes pasado, el CEO de Thyssenkrupp AG, Miguel Ángel López Borrego, viajó a Buenos Aires para promocionar el Tipo 209NG ante las autoridades argentinas. Fue una visita de alto nivel corporativo, del tipo que no se agenda sin expectativas concretas.

El cronograma alemán ya fue publicado por este medio y terminó citado por la prensa especializada francesa. Si la Armada Argentina se inclina por la solución alemana, las entregas se producirían aproximadamente entre 2034 y 2035 en caso de que el contrato se firme bajo esta administración. El plazo resulta largo, aunque ofrece algo que hoy falta: una perspectiva concreta y fechada. La contracara es igual de clara. Ningún esquema de garantías estatales resuelve por sí solo la cuestión de la deuda que la Argentina debe asumir para sostener el programa durante una década.
Los procesos de este tipo se definen en detalles que rara vez llegan al comunicado oficial. Por eso seguimos el expediente semana a semana en El Debriefing, donde desglosamos las ofertas, los plazos y los números que no entran en la nota del día. Suscribite a El Debriefing y recibí el seguimiento completo.
El coreano que entró por la puerta peruana
El tercer actor apareció más tarde y sorprendió a todos. HD Hyundai Heavy Industries presentó una oferta que el estado mayor argentino consideró lo suficientemente interesante como para tomarla en cuenta. Según la prensa local, el industrial surcoreano ofreció el HDS-1500, un submarino desarrollado en el marco de una asociación con el astillero estatal peruano SIMA.
Las características anunciadas lo ubican en un escalón intermedio. El diseño contempla un desplazamiento de 1.500 toneladas en inmersión, 65 metros de eslora y 6,5 metros de diámetro, con propulsión basada en baterías de litio-ion, mástil optrónico y sensores avanzados. Lo operarían 25 submarinistas y podría emplear torpedos Tiger Shark guiados por fibra óptica. El proyecto busca posicionarlo entre el Tipo 209NG y el Scorpène, con un equilibrio entre capacidades operativas, potencial de evolución tecnológica y logística.
Conviene tomar esas cifras con prudencia. Hyundai todavía no publicó las especificaciones técnicas completas del HDS-1500, de modo que el submarino compite hoy con un diseño en desarrollo frente a dos plataformas ya navegando.
Hay un argumento adicional que pesa más de lo que parece. La Armada Argentina mantiene una relación sólida con su par peruana, que le permite conservar las competencias de sus submarinistas embarcándolos en los Tipo 209 de la Marina de Guerra del Perú. Ese cordón umbilical con Callao le da al HDS-1500 una vía de entrada propia, aunque el Fraterno XXXIX demostró que Francia y Brasil ya construyeron la suya.
Por qué el 3 de septiembre marca el calendario
Cualquiera sea la opción elegida, el financiamiento siguió siendo el nudo central. La Armada Argentina no cuenta con submarinos operativos desde la pérdida del ARA San Juan en 2017, con la modernización del ARA Santa Cruz detenida y el ARA Salta en mal estado. La zona económica exclusiva que debe vigilar supera el millón de kilómetros cuadrados.
El próximo jueves 3 de septiembre se conmemora el Día del Submarinista Argentino, fecha instituida por la llegada de los primeros submarinos de la Armada a la Base Naval Mar del Plata en 1933. La prensa especializada francesa apuntó a esa jornada como el momento en que Buenos Aires podría dar una respuesta. La ceremonia siempre reúne a la plana mayor naval en Mar del Plata y ofrece el marco simbólico ideal para un anuncio.
Hasta entonces, la única lectura honesta es que nadie ganó y nadie perdió. Los franceses no fueron eliminados, los alemanes llegaron con el respaldo financiero más fuerte y los coreanos ofrecieron la vía peruana. La definición, si llega, se conocerá en dias.









