Sanco Defense empezó como la curiosidad de su fundador y hoy se propone una meta que, dicha en voz alta, suena desmedida: convertirse en la fábrica de drones interceptores más grande de Latinoamérica. Pero reducir el proyecto al dron sería quedarse corto. La empresa no se plantea vender un interceptor, sino un sistema: una plataforma de la que el Falco-P, un interceptor cinético de bajo costo diseñado y pensado para producirse en el país, es apenas la parte que vuela.
Conviene ubicar el punto exacto antes de avanzar: según la empresa, la plataforma física ya voló con éxito en pruebas, y lo que resta es perfeccionar el sistema de guiado autónomo que lo define.
El origen: aprender a construir drones desde cero
Según el relato de su fundador, Sanco no nació de un laboratorio ni de una estructura de I+D previa, sino de un interés personal. Tras un workshop de inteligencia artificial, y sin provenir del campo técnico según su propio testimonio, decidió aprender a fabricar drones desde cero junto a su tío.
El primer paso fue un hexacóptero comercial comprado en China, con componentes que describe como desactualizados, sobre el que hicieron una larga curva de prueba y error hasta lograr que volara. De ahí surgió un primer prototipo propio y la decisión de escalar la idea hacia un producto de defensa. Es un origen relevante para dimensionar el proyecto: un desarrollo nacido por fuera del ecosistema industrial y estatal de defensa, financiado con recursos propios en un rubro donde, como reconoce la propia empresa, el capital privado escasea en la región.
El equipo y el método
A medida que el proyecto tomó forma se sumaron socios y perfiles técnicos. La empresa menciona a Iñaki Martínez Soria, con experiencia en defensa y desarrollo de negocios, y a Nico Velázquez, ingeniero de inteligencia artificial a cargo del sistema de guiado. También reconoce el aporte de Sergio (@virtual.fpv), referente del vuelo FPV en el país, en la fase de pruebas.
El desarrollo siguió un esquema de prototipado rápido: construir, probar, romper y rediseñar. Es un método eficaz para avanzar rápido y a bajo costo, habitual en el mundo FPV y en las startups de hardware.
El Falco-P y la lógica del costo
De acuerdo con la empresa, el Falco-P opera en dos configuraciones, de lanzamiento y de vuelo, y alcanzó en pruebas unos 250 km/h, con una autonomía cercana al minuto y medio a máxima velocidad, un rango de entre 5 y 10 km y una carga de 0,5 kg. La empresa aclara que se trata de valores estimados y que el guiado por inteligencia artificial es hoy «off-board», con la intención de migrarlo a bordo en breve.
Ese matiz es central: la capacidad que definiría al Falco-P como interceptor autónomo, detectar un blanco, seguirlo y guiarse solo hacia él, es la que la empresa reconoce tener en desarrollo, no terminada.
Lo más sólido de la propuesta no es una prestación sino una decisión de diseño. Sanco sostiene que deliberadamente no buscó el dron más rápido ni el de mayor autonomía, porque un interceptor está destinado a ser un consumible y el costo por intercepción es parte del problema. Ese razonamiento es consistente con lo que se ve en Ucrania, donde derribar drones baratos con misiles caros es económicamente insostenible.
Más que un dron: la plataforma Sanco OPS
El planteo de Sanco es que el interceptor es un componente, no el producto. Alrededor del Falco-P, la empresa desarrolla Sanco OPS, un sistema de gestión de recursos y zonas que, según describe, permite seleccionar áreas de interés y asignarles recursos: una cantidad determinada de Falco-P u otros medios disponibles. La lógica es la de un sistema de comando y control antidrones, donde el operador administra la defensa de un espacio y no simplemente lanza un dron contra otro.

La empresa facilitó una captura preliminar de la plataforma, en la que se ven zonas definidas por el operador, una en modo «defensa» y otra como «no_go», con recursos asignados y detección de contactos. El propio entorno aparece identificado como plataforma de simulación, sin sistemas de armas activos, y con la respuesta a cargo del operador, no automática. El software, según la empresa, se encuentra todavía en desarrollo.
A eso se suma una característica que la empresa remarca del lado de la inteligencia artificial: el sistema de guiado sería intercambiable, con la posibilidad de cargar modelos entrenados para distintos tipos de objetivo. Es decir, no un único algoritmo fijo, sino una arquitectura pensada para adaptar el interceptor a diferentes amenazas según el escenario.
Una apuesta con producción nacional
Si algo atraviesa el proyecto de Sanco es de dónde viene y dónde se propone fabricar. El desarrollo se levantó en Argentina, con recursos propios, en un contexto donde la defensa prácticamente no recibe capital privado en la región, y menos en el país. La intención declarada es que la producción del sistema sea nacional: que un interceptor de este tipo se diseñe y se fabrique en Argentina es, en sí mismo, parte del valor que la empresa reivindica.
En qué etapa está
Según la empresa, las pruebas de vuelo del Falco-P ya se realizaron con resultados exitosos, y lo único que resta es perfeccionar el sistema de inteligencia artificial que le dará el guiado autónomo. En paralelo, continúa el desarrollo de Sanco OPS, la plataforma de gestión.
El proyecto, en síntesis, combina una apuesta ambiciosa con un recorrido concreto: una empresa emergente, un interceptor que ya voló con éxito en pruebas, un enfoque de costo bien planteado, un sistema de gestión en desarrollo y la producción prevista en Argentina. Lo que queda por delante es afinar la parte más exigente, la inteligencia artificial que permita al interceptor detectar, seguir y guiarse solo hacia su blanco de manera confiable. La visión, dice la empresa, es la misma que cuando el primer dron ni siquiera despegaba. Lo que cambió es que ahora hay equipo, tecnología y gran parte del producto construido.










