
Washington recorta las maniobras conjuntas con Seúl
El presidente estadounidense, Donald Trump, instruyó el domingo al Pentágono a «reducir sustancialmente» los ejercicios militares conjuntos con Corea del Sur, alegando el costo de las maniobras y la negativa de Seúl a sumarse a las acciones contra Irán. El anuncio llegó horas antes del inicio programado del ejercicio anual Ulchi Freedom Shield, previsto hasta el 27 de agosto y en el que participan unos 18.000 efectivos surcoreanos, que finalmente comenzó según lo planeado.
En su mensaje en Truth Social, Trump calificó los ejercicios de «costosos» y de enviar una señal «inapropiada y hostil» hacia un país que, según él, se ha mostrado «no amenazante y respetuoso» durante su presidencia, en referencia a Corea del Norte. La Casa Azul surcoreana respondió que revisaba la publicación y expresó su esperanza de que la relación entre Washington y Pyongyang derive en un diálogo significativo, aunque aclaró que ambos aliados seguirían coordinando su postura de defensa conjunta. Seúl también rebatió la acusación de Trump sobre su supuesta negativa a colaborar en la desnuclearización de Irán, señalando que evaluaba una eventual contribución militar conforme a sus procedimientos legales internos.
No está claro cómo se instrumentará el recorte, aunque en los últimos años los ejercicios ya venían desplazándose de las maniobras con fuego real hacia simulaciones informáticas de ataques cibernéticos y de misiles. Analistas como Victor Cha, del Center for Strategic and International Studies, sugirieron que Trump buscaría ganar influencia sobre Kim Jong-un en momentos en que Pyongyang refuerza su apoyo militar a Rusia en Ucrania, mientras que Jenny Town, del Stimson Center, consideró que el gesto podría buscar una oportunidad diplomática con Pyongyang, aunque dudó de que tenga impacto real allí.
Un vínculo personal que Trump vuelve a reivindicar
Al día siguiente, Trump afirmó que Kim Jong-un había respondido a sus gestos de acercamiento, aunque no ofreció detalles. «Me ha tratado siempre con mucho respeto. Yo lo entiendo a él, él me entiende a mí», declaró en la Casa Blanca. La relación entre ambos líderes, marcada por tres cumbres entre 2018 y 2019 que no lograron avances en el desarme nuclear norcoreano, ha oscilado históricamente entre los insultos y las muestras de cercanía personal.
Especialistas como Andrew Yeo, de la Brookings Institution, señalaron que un nuevo encuentro podría convenirle a Kim en términos de estatus internacional, aunque Victor Cha estimó que Pyongyang probablemente «se tome su tiempo» antes de responder formalmente. Cha también planteó que la insistencia de Trump con Corea del Norte podría responder al interés de desviar la atención mediática de sus dificultades en la guerra con Irán. Un exfuncionario de la primera administración Trump citado por Reuters añadió que el mandatario estaría además «frustrado» con la falta de avances de Seúl en materia económica, en medio de tensiones por el cumplimiento de un pacto comercial que compromete una inversión surcoreana de 350.000 millones de dólares.
El trasfondo: un arsenal nuclear norcoreano cada vez más difícil de calcular
El giro diplomático de Trump se produce en momentos en que crece la incertidumbre sobre el verdadero tamaño del arsenal nuclear de Corea del Norte. Entre 2006 y 2017, Pyongyang realizó seis ensayos nucleares subterráneos en el sitio de Punggye-ri; el último, según el centro de análisis 38 North, habría alcanzado una potencia equivalente a dieciséis veces la bomba de Hiroshima. Desde entonces, el régimen declaró un moratorio que las fracasadas negociaciones con Washington nunca lograron consolidar, y en 2022 Kim Jong-un calificó de «irreversible» el estatus nuclear de su país, impulsando además una ley que habilita ataques nucleares preventivos y automáticos ante amenazas inminentes.
El seguimiento internacional del programa se complicó aún más después de que Rusia vetara en 2024 la continuidad del panel de expertos de la ONU encargado de monitorear las sanciones contra Pyongyang, poco antes de que Moscú y Corea del Norte firmaran un pacto de defensa mutua. El último informe de ese panel, de 2023, había constatado nuevas obras en el complejo de Yongbyon y actividad sostenida en Punggye-ri, sin confirmar si el régimen logró miniaturizar una ojiva para adaptarla a un misil.
En este contexto de opacidad, las estimaciones difieren según la fuente. El propio Trump afirmó el 19 de agosto —de manera inusual, dado que Washington no reconoce oficialmente a Corea del Norte como potencia nuclear— que el país contaría con 57 ojivas, una cifra cercana a la calculada por el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI), que en junio situó el arsenal entre 50 y 60 cabezas nucleares, aunque advirtió que Pyongyang podría tener material fisible suficiente para fabricar hasta 90. Corea del Sur, por su parte, maneja una proyección considerablemente mayor: su ministro de Defensa, Ahn Gyu-back, declaró el 20 de agosto ante el Parlamento que el arsenal norcoreano podría oscilar entre 80 y 120 ojivas, aunque reconoció la dificultad de precisar una cifra exacta y aclaró que esos datos no provienen de inteligencia oficial surcoreana, sino de centros de investigación privados.










