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La OTAN monta un inusual operativo aéreo en Kaliningrado

Un despliegue que rompe con la rutina

Desde el inicio de la guerra en Ucrania, los países de la OTAN vienen enviando con regularidad aeronaves dedicadas al reconocimiento de origen electromagnético para patrullar zonas cercanas a Rusia, tanto en el mar Báltico como en el mar Negro y el mar de Noruega. Estas misiones han derivado, en ocasiones, en interacciones tensas con las fuerzas aeroespaciales rusas. Sin embargo, las operaciones realizadas por la Alianza en torno al enclave ruso de Kaliningrado entre el 18 y el 20 de agosto resultaron inusuales, no solo por su escala sino también por la combinación de medios empleados, en un despliegue que, según los sistemas de rastreo de vuelos, reunió cerca de 25 aeronaves de varios países miembros —una cifra y una variedad de capacidades que rara vez se ven fuera de un ejercicio declarado formalmente.

Kaliningrado, la pieza clave del tablero báltico

Situado entre Polonia y Lituania, Kaliningrado es un territorio fuertemente militarizado donde Rusia mantiene desplegados misiles Iskander de capacidad nuclear, sistemas de defensa antiaérea S-400 y potentes medios de guerra electrónica, como el sistema Tobol. Junto con los buques de la Flota del Báltico, estas capacidades permiten a Moscú activar una burbuja de denegación de acceso y prohibición de zona (A2/AD) en la región, e incluso amenazar con bloquear el corredor de Suwalki, la única vía terrestre que conecta a los países bálticos con el resto de la OTAN. El enclave, sin conexión terrestre con el resto de Rusia, alberga además la sede de la Flota del Báltico en Baltiysk. Con el ingreso de Suecia y Finlandia a la Alianza, el mar Báltico se transformó en lo que el almirante francés Nicolas Vaujour definió como un «lago otánico», en una zona que resulta crucial para la economía rusa, ya que por allí transita entre el 30 y el 35% de su comercio exterior y el 80% de sus exportaciones de hidrocarburos.

El dispositivo del 18 de agosto, coordinado por Estados Unidos y operado desde bases en Polonia y los países bálticos, combinó aviones de alerta temprana E-3A Sentry, un avión de guerra electrónica EA-37B Compass Call, la plataforma de inteligencia ARTEMIS, cazas estadounidenses y noruegos, aviones cisterna MRTT, jets Gulfstream G550 polacos, un avión Let L-410 lituano, helicópteros Apache estadounidenses y fuerzas terrestres polacas. El Mando Aéreo Aliado confirmó la actividad sin dar mayores precisiones por razones de seguridad operacional, mientras que fuentes de la Fuerza Aérea de EE.UU. en Europa señalaron que el entrenamiento se extendería varios días, con nuevos vuelos registrados el 19 y el 20 de agosto.

Lo que distingue a esta semana de la vigilancia habitual es la simultaneidad de funciones: reabastecimiento en vuelo, mando y control aéreo, recolección de inteligencia y ataque electrónico operando al mismo tiempo, una configuración más propia de un paquete de ataque que de una misión de simple observación. En particular, llamó la atención la presencia del EA-37B, diseñado para interferir comunicaciones, radares y sistemas de navegación, que realizó su primera misión operativa desde la base de Souda Bay el 19 de agosto, enfocada específicamente en el entorno electromagnético alrededor de Kaliningrado.

La lectura de Carl Bildt

El excanciller y ex primer ministro sueco Carl Bildt, hoy copresidente del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, sostuvo que Rusia «sin duda tomó nota» de esta presencia aliada reforzada, calificándola de «señal poderosa» y advirtiendo que cualquier agresión rusa en el área báltica «impactará de inmediato en la seguridad de Kaliningrado». Bildt acompañó su publicación con una imagen de rastreo que mostraba dos aviones E-3A Sentry operando sobre Lituania y Polonia junto a un avión cisterna A330 de la flota multinacional MRTT y un KC-135R estadounidense proveniente de la base británica de RAF Mildenhall. Su planteo subraya una lectura poco habitual: la misma geografía del enclave, generalmente vista como una amenaza para el refuerzo aliado, también lo deja rodeado de países de la OTAN y dependiente de corredores marítimos y aéreos que la Alianza podría cerrar.

Este despliegue se inscribe en una escalada gradual de actividad en la región. El 7 de agosto, un avión británico RC-135W Rivet Joint había sobrevolado el área en misión de patrulla antes de regresar a su base de RAF Waddington. El 14 de agosto, un Eurofighter italiano bajo mando de la OTAN derribó un dron sobre el noreste de Letonia, incidente que las fuerzas armadas letonas atribuyeron a interferencia electromagnética rusa que habría desviado la trayectoria de la aeronave. A esto se suman las interceptaciones habituales de aviones rusos que transitan sin transpondedor ni plan de vuelo entre el territorio continental ruso y Kaliningrado, a cargo de los destacamentos de policía aérea báltica.

Todo este movimiento se desarrolla en paralelo a Lion Protector 26, el ejercicio de la Joint Expeditionary Force que comenzó el 3 de agosto y se extenderá hasta el 12 de octubre por el norte de Europa, el Atlántico Norte y el Báltico, y que arrancó con el traslado escoltado de equipamiento militar aliado hacia puertos letones.

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