
El espacio aéreo egipcio se ha convertido este agosto en escenario de una de las maniobras militares más observadas del año: la segunda edición del ejercicio conjunto «Águilas de la Civilización 2026», entre las fuerzas aéreas de China y Egipto.
Más que un simple intercambio de experiencias, el operativo confirma el interés de Pekín por proyectar poder aéreo en zonas de influencia estratégica, y marca un hito al enfrentar por primera vez fuera de Asia a los cazas chinos Shenyang J-16 con los Rafale franceses que integran la flota egipcia.
Un despliegue logístico de 6.000 kilómetros
Los J-16 recorrieron cerca de 6.000 kilómetros desde China hasta la base aérea egipcia, apoyados por aviones cisterna y de transporte YY-20A que realizaron reabastecimiento en pleno vuelo. El contingente aterrizó el 21 de agosto y, en apenas un día, el personal chino descargó equipos y coordinó las primeras sesiones de inteligencia para dejar listas las misiones de combate.
Antes de las salidas reales, que comenzaron el 22 y 23 de agosto según las fuentes, pilotos de ambos países compartieron sesiones informativas sobre las características de sus aeronaves, normas de seguridad y protocolos de emergencia.
Se trata de la segunda vez que el Ejército Popular de Liberación despliega su fuerza aérea en Egipto: en abril de 2025 ya había enviado cazas J-10C, apoyados por aviones de transporte Y-20, cisternas YY-20A, un avión de alerta temprana KJ-500 y helicópteros Z-20, en lo que fue su primer despliegue organizado en territorio africano.
Combates simulados y una disputa por el relato
En el aire, formaciones egipcias de MiG-29M rusos y Rafale F3 franceses se midieron contra los J-16 chinos en enfrentamientos uno contra uno, con maniobras de interceptación y combate cerrado, un esquema que se prevé escalará hacia formaciones de dos contra dos y operaciones combinadas.
En el plano técnico, el J-16 —derivado de la familia Sujoi Su-27— destaca por un radar de barrido electrónico activo de mayor tamaño que el del Rafale, lo que le otorgaría ventaja en alcance de detección y guerra electrónica, además de superarlo en techo de servicio y capacidad de carga. El Rafale egipcio, por su parte, no opera el misil de largo alcance Meteor y depende de los MICA, lo que limitaría su desempeño en combates más allá del alcance visual.
Aunque ambas partes evitaron divulgar resultados oficiales de los simulacros, la televisión estatal china CCTV difundió imágenes de un J-16 posicionándose detrás de un Rafale durante una maniobra cerrada, en lo que fue interpretado como un mensaje de superioridad.
Medios de Hong Kong reforzaron esa narrativa recordando el derribo de un Rafale indio en mayo de 2025 durante la operación «Sindoor», presuntamente causado por un misil PL-15 disparado por un J-10C pakistaní. Ni la parte china ni la egipcia confirmaron cuál aeronave llevó la ventaja en los ejercicios de este año.
Para los analistas, detrás del despliegue hay un objetivo que va más allá de lo táctico: la recolección de inteligencia electrónica.
El contingente chino incluyó aviones de guerra electrónica Shaanxi Y-9LG y plataformas de alerta temprana KJ-500, con capacidad para registrar la firma electrónica del Rafale y las emisiones de su sistema de autoprotección SPECTRA, información que cobra relevancia adicional porque el caza francés es ya la columna vertebral de la fuerza aérea de India.
El ejercicio confirma así una doble lectura: para China, una vitrina para su industria de defensa y su capacidad de proyección lejos de sus fronteras; para Egipto, una estrategia de diversificación de proveedores militares que le permite entrenar a sus pilotos tanto en plataformas occidentales como orientales sin comprometer su autonomía estratégica.










