El Salvador transformó en diez días una misión de apoyo aéreo en una operación de búsqueda y rescate. El detonante fue la emboscada del 18 de octubre contra cuatro aerotécnicos de la Fuerza Armada. Según el comunicado oficial, los cuatro cayeron en una emboscada de grupos criminales fuertemente armados mientras regresaban a su campamento en un vehículo blindado. El vehículo fue incendiado y los militares lograron salir, pero desde entonces se desconoce su paradero.
El gobierno haitiano informó la noche del miércoles 21 que los cuatro fueron secuestrados, en sus primeros comentarios sobre el ataque en Croix-des-Bouquets. Desde entonces, el despliegue salvadoreño en Haití dejó de ser una contribución técnica y pasó a ser una fuerza con capacidad de combate. El martes 27 sumó un actor nuevo: la Fuerza Aeroespacial Colombiana.
Del MEDEVAC a las fuerzas especiales
La presencia salvadoreña nació con un perfil acotado. En febrero de 2025, 78 efectivos llegaron a Puerto Príncipe para sumarse a la misión multinacional liderada por Kenia. EE.UU. transfirió dos helicópteros UH-1N al Ministerio de Defensa salvadoreño, entregados en Cap-Haïtien para evacuaciones médicas. Bukele insistió en que los secuestrados no eran combatientes, sino técnicos aeronáuticos dedicados a evacuaciones médicas.
El marco legal acompañó la transición. La Asamblea Legislativa aprobó con 57 votos, el 29 de septiembre de 2026, la ley transitoria para participar en la Fuerza de Supresión de Pandillas. La misión quedó fijada en 12 meses prorrogables desde el 2 de octubre, y la norma no estableció el número de militares. Ese vacío permitió escalar la fuerza sin un nuevo trámite legislativo.
Antes del ataque, El Salvador tenía al menos 124 efectivos en la Fuerza de Supresión de Pandillas, según un informe de la ONU citado por Reuters. El jueves 22 llegaron 100 elementos de fuerzas especiales, según funcionarios consultados por AP. El Grupo de Operaciones Especiales es una unidad de comandos especializada en contrainsurgencia y guerra asimétrica.
Las cifras posteriores divergieron. Las estimaciones de prensa rondaron los 300 efectivos y HaitiLibre las elevó a 450. Reuters reportó unos 1.000, cifra de un funcionario haitiano no confirmada por San Salvador. Bajo el criterio de este medio, ese número debe leerse como techo no verificado.
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Despliegue salvadoreño en Haití: quién vuela las tropas
El seguimiento de vuelos de LatAmMilMovements, publicación amiga de Gordos Defensa, ordenó parte del ruido. El 25 de octubre precisó que no hubo vuelos de C-17A de la USAF entre El Salvador y Haití en meses. Solo registró dos vuelos recientes de C-130J en esa ruta. El dato coincidió con lo reportado por HaitiLibre: un C-130J facilitado por el Pentágono despegó de San Salvador el viernes 23 a las 9:40 y aterrizó en Puerto Príncipe a las 14:07 con 100 militares. Un funcionario militar estadounidense confirmó a Reuters que el Comando Sur aportó aviones C-130 para parte de los traslados.

La misma fuente descartó otra versión que circuló en redes. Si EE.UU. aportara apoyo ISR, los medios saldrían de Puerto Rico y no de El Salvador. La aclaración apuntó a la especulación sobre la ubicación de seguridad cooperativa de Comalapa.
El 27 de octubre apareció el primer vuelo colombiano. El C-130H FAC1005 (hex 0AC318) despegó de San Salvador (MSLP) con destino a Puerto Príncipe (MTPP). Según LatAmMilMovements, fue el primer vuelo de la Fuerza Aeroespacial Colombiana en apoyo al envío de más tropas y equipo salvadoreño. Colombia se convirtió así en el primer país latinoamericano con un aporte aéreo documentado a esta operación.
El circuito incluyó también medios civiles. La aerolínea ecuatoriana Aeroregional tuvo programados vuelos directos a Haití el martes 27, según datos de Flightradar24. En paralelo, el presidente dominicano Luis Abinader ofreció apoyo logístico, médico y de inteligencia, aunque descartó enviar tropas.
Vectus Global: el actor privado en el mismo terreno
Las tropas salvadoreñas no operaron en un vacío. Vectus Global, la empresa de Erik Prince, operó en Haití desde marzo de 2025 con drones desplegados a través de la Fuerza de Tarea del gobierno haitiano. Prince afirmó a Reuters haber alcanzado un acuerdo de diez años con Haití para combatir pandillas y montar un sistema de recaudación. El vínculo con la crisis actual fue directo. Las autoridades enfrentaron a hombres armados en la zona desde el ataque, la primera vez que la fuerza de tarea policial que incluye a Vectus actuó allí en este episodio.
La relación de Prince con San Salvador tuvo antecedentes. En agosto de 2024, Prince se reunió con Bukele y recorrió el Centro de Confinamiento del Terrorismo, donde elogió los avances contra el crimen organizado. Un año después, el reclutamiento de Vectus incluyó a salvadoreños. Reuters informó que la empresa desplegaría combatientes de EE.UU., Europa y El Salvador, con helicópteros y lanchas. Washington también acercó posiciones. En julio, un asesor militar estadounidense dijo al Congreso que se planeaban lazos más estrechos con la compañía.
El historial operativo de Vectus arrastró cuestionamientos. Human Rights Watch reportó al menos 1.243 muertos en 141 operaciones con drones armados entre marzo de 2025 y enero de 2026. Prince tampoco reveló cuánto pagó el gobierno haitiano por sus servicios.
La Fuerza de Supresión de Pandillas tiene autorización para 5.550 efectivos, pero su despliegue sigue por debajo de esa cifra. Todavía no se conoce quién comandará a los nuevos efectivos ni cuánto tiempo permanecerán. Lo que sí quedó registrado en los transpondedores fue la arquitectura del apoyo: aviones estadounidenses, un Hércules colombiano y un contratista privado ya instalado en el terreno.









