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F-16 chilenos y argentinos: el contrato que extiende la asistencia de Lockheed Martin hasta 2029

Caza F-16 de la Fuerza Aérea Argentina en vuelo con tren de aterrizaje desplegado, parte de la flota alcanzada por el contrato de sostenimiento de Lockheed Martin

El Departamento de Guerra de Estados Unidos adjudicó el 17 de agosto un contrato que alcanza a los F-16 chilenos y argentinos. La beneficiaria es Lockheed Martin Corp., con sede en Fort Worth, Texas, bajo un instrumento de entrega y cantidad indefinida por 31.291.904 dólares. El acuerdo cubre servicios de ingeniería y asistencia técnica de contratista para la flota global del caza y se extiende hasta el 30 de junio de 2029. La adjudicación fue el resultado de una adquisición de fuente única. La actividad contratante es el Air Force Life Cycle Management Center, con asiento en Wright-Patterson Air Force Base, Ohio.

El anuncio oficial fijó los lugares de ejecución en Hill Air Force Base, Argentina, Bahréin, Chile, Egipto, Indonesia, Jordania, Marruecos, Omán, Taiwán, Tailandia y Turquía. El objetivo declarado del contrato es proveer asesoría de ingeniería y asistencia técnica hasta que cada operador alcance capacidad orgánica propia.

Un techo plurinacional, no una partida bilateral

La cifra de 31,3 millones de dólares corresponde al techo total del instrumento, repartido entre once geografías de trabajo. No representa fondos asignados a la Fuerza Aérea de Chile ni a la Fuerza Aérea Argentina. Al momento de la adjudicación, el Departamento de Guerra obligó apenas 297.008 dólares en fondos de Ventas Militares al Extranjero (FMS). Esa suma equivale a menos del uno por ciento del techo disponible.

La estructura IDIQ funciona como un marco. Bajo ese paraguas, el gobierno estadounidense emite órdenes individuales de trabajo durante la vigencia del contrato. El grueso del valor queda entonces sujeto a requerimientos futuros y no a un cronograma cerrado. La lectura correcta no es la de un desembolso, sino la de una habilitación administrativa.

El detalle relevante aparece en la letra chica del anuncio. El contrato identificó Ventas Militares al Extranjero a diez países: Bahréin, Chile, Egipto, Indonesia, Jordania, Marruecos, Omán, Taiwán, Tailandia y Turquía. Argentina figura como lugar de ejecución, pero no integra ese listado de clientes FMS. Son once geografías de trabajo y diez compradores identificados. La distinción no es semántica. Define quién paga la orden de trabajo y quién recibe el técnico en su base.

Qué cambia para los F-16 chilenos y argentinos

Caza F-16 de la Fuerza Aérea de Chile despegando con postcombustión encendida desde una base del norte chileno
F-16 de la Fuerza Aérea de Chile en despegue. Chile integra la lista de diez países identificados como clientes de Ventas Militares al Extranjero en el contrato adjudicado a Lockheed Martin. Foto: Gordos Defensa

Chile llega a este contrato como operador maduro. La FACh incorporó diez F-16C/D Block 50 bajo el programa Peace Puma, entregados desde 2006, y sumó luego lotes de F-16AM/BM MLU de segunda mano provenientes de Países Bajos. Dos décadas de operación construyeron una masa crítica de mantenimiento y una cadena logística propia. Para Santiago, la asistencia de ingeniería del fabricante es un complemento sobre una base ya establecida.

Argentina ocupa el extremo opuesto de la curva. Los 24 F-16AM/BM adquiridos a Dinamarca arribaron al país en diciembre de 2025. La FAA transita todavía la fase inicial de un ciclo largo. Recibir las células es la parte visible del programa. Construir infraestructura, formar pilotos y técnicos, montar una estructura logística y desarrollar capacidad de sostenimiento propia es la parte que consume la década siguiente.

En paralelo, la Fuerza Aérea Argentina avanza con Lockheed Martin y agencias estadounidenses en la definición de la actualización de sus aviones. Ese proceso abarca Link 16, comunicaciones, guerra electrónica y sistemas de autoprotección, además de transferencia de doctrina y procedimientos. El contrato adjudicado el 17 de agosto pertenece a una dimensión distinta y complementaria. No aporta capacidad de combate. Aporta el andamio técnico que permite sostener la que ya se compró.

Para los F-16 chilenos y argentinos, el efecto práctico es el mismo enunciado con dos calendarios distintos. El fabricante mantiene la autoridad técnica sobre datos de diseño, gestión de configuración y línea base de ingeniería. Esa dependencia se sostiene hasta que el operador desarrolle capacidad orgánica. Chile trabaja para reducirla. Argentina todavía trabaja para instalarla. No se ha podido confirmar de forma independiente si Argentina será incorporada como cliente FMS bajo órdenes de trabajo posteriores de este mismo contrato.


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