La Embajada de Estados Unidos en Bogotá confirmó el 3 de septiembre de 2026 que una operación conjunta permitió localizar y destruir entre 200 y 250 kilogramos de material explosivo en zona rural de Santander. El depósito contenía explosivos del ELN y estaba oculto en cinco tanques enterrados en la vereda Ovejera, jurisdicción del municipio de Charta, a unos 40 kilómetros de Bucaramanga. Según la representación diplomática estadounidense, la detonación controlada previno un ataque inminente contra la Fuerza Pública.
Una caleta de explosivos del ELN a metros de una escuela
El hallazgo se produjo durante operaciones de tropas de la Quinta Brigada del Ejército Nacional, con participación del Gaula Militar Chicamocha y del Batallón de Ingenieros de Combate N.° 5. La coordinación operacional se ejecutó con la Dijín de la Policía Nacional. Las autoridades colombianas atribuyeron el material a la Estructura de Finanzas y Economías para la Revolución, dependiente del Frente de Guerra Nororiental de esa organización narcoterrorista.
El material identificado correspondió a explosivo tipo R1, de alta potencia y uso frecuente en artefactos improvisados. El depósito se encontraba en inmediaciones de una institución educativa, un factor que las autoridades señalaron como el principal detonante de la alerta. Tras asegurar el perímetro, los ingenieros militares procedieron a la destrucción controlada del cargamento.
El operativo se enmarcó en el Plan de Campaña Ayacucho Plus, que el Ejército colombiano ha orientado hacia la afectación de las capacidades logísticas de los grupos armados organizados. La cifra incautada equivale aproximadamente a un cuarto de tonelada, un volumen que excede ampliamente los decomisos habituales en el departamento.
El componente estadounidense de la operación
La Embajada de Estados Unidos describió la acción como una operación conjunta en la que el Buró Federal de Investigaciones aportó soporte estratégico y técnico. El aporte estadounidense se canalizó a través de los mecanismos de cooperación internacional ya establecidos con la Policía Nacional y con el Ejército colombiano, y consistió principalmente en intercambio de información que permitió establecer la ubicación exacta del depósito.
Ni Washington ni Bogotá han difundido detalles sobre el objetivo específico del atentado frustrado. Tampoco se ha informado sobre capturas asociadas al procedimiento. La comunicación oficial se limitó a confirmar la neutralización de la amenaza y a destacar el trabajo interagencial.
El anuncio llegó en un momento de creciente exposición pública de la cooperación en materia de inteligencia entre ambos países, en un contexto regional marcado por el endurecimiento del discurso de Washington frente a las estructuras narcoterroristas que operan en el norte de Sudamérica. Para la Quinta Brigada, el resultado representa el golpe logístico más significativo contra el Frente de Guerra Nororiental en lo que va del año.









