Buenos Aires, Argentina
El 12 de mayo de 2026, la Dirección de Aviación de Ejército presentó en la Facultad de Ingeniería del Ejército los avances y capacidades del sistema de simulación de vuelo de la fuerza. La exposición, encuadrada en el CTID+i 202 en la Primera Jornada de Innovación y Tecnología para la Defensa, estuvo a cargo del Mayor Matías Nahuel Nieto. La presentación reveló que los simuladores de vuelo del Ejército Argentino constituyen hoy un ecosistema maduro, con más de un siglo de evolución continua.
El primer antecedente data de 1912, cuando el Ejército incorporó «El Pingüino», su primer entrenador terrestre. Desde entonces, la fuerza ha sumado sucesivas generaciones de equipos. En 1937 llegó el Link E-1, orientado al vuelo instrumental y a ciegas. En 1972 se incorporó el sistema HOT para instrucción de vuelo. En 1997 entró en servicio el SVH-3, primer simulador de helicóptero cautivo. El año 2001 marcó la incorporación del Frasca 1, primera generación de simuladores FTD para el UH-1H. En 2010 llegó el Frasca 2, adquirido por USD 800.000 y aún en servicio. En 2018 se integró el ETAR con tecnología de realidad virtual. Y en 2025 se sumó el simulador FTD 5+ para el Bell 206-B3, con realidad mixta.
FTD y ETAR, el corazón de los simuladores de vuelo del EA
La División Simuladores de Vuelo organiza su capacidad en torno a dos pilares complementarios. El primero es el entrenamiento individual mediante dispositivos FTD (Flight Training Device). Este bloque incluye el FTD Monomotor para el Cessna Grand Caravan, el FTD Bimotor para el Beechcraft B200, el simulador FTD 5+ Frasca para el UH-1H con certificación FAA Nivel 5+, y el simulador FTD 5+ para el Bell 206-B3 con realidad mixta y certificación Delta3 Nivel 5+.

El segundo pilar es el entrenamiento colectivo, articulado a través del ETAR (Entrenador Táctico de Aviación en Red). Este sistema integra seis módulos de helicóptero UH-1H con comandos reales y visores de realidad virtual full VR, un módulo del SANT Lipán con su estación de control terrestre, un módulo de artillero de puerta con realidad virtual, y un puesto de comando equipado con TacView para seguimiento en tiempo real y debriefing de misión. El ETAR permite ejecutar ejercicios tácticos encadenados con enemigos controlados por inteligencia artificial, escenarios climáticos dinámicos, geografía ilimitada y consecuencias operacionales encadenadas entre días de ejercicio.
El sistema más avanzado del conjunto es el simulador Bell 206-B3 con realidad mixta. Cuenta con dos visores Varjo XR4 sincronizados para piloto y copiloto, cabina 100% funcional con sistemas físicos táctiles, plataforma vibratoria de alta respuesta y carga dinámica que reproduce los esfuerzos mecánicos reales en los comandos. Este nivel de fidelidad, inalcanzable en vuelo rutinario con aeronaves reales, coloca al Ejército Argentino en la vanguardia regional en materia de simulación táctica.
El argumento económico
La presentación incluyó un análisis de retorno de inversión que justifica el modelo. El simulador Frasca UH-1H (Frasca 2), adquirido en 2010 por USD 800.000, ha registrado 13.300 horas totales, de las cuales aproximadamente 11.300 fueron horas efectivas de entrenamiento. A una tasa de USD 1.800 por hora de vuelo real en UH-1H, esas horas equivalen a USD 20,3 millones en costo de vuelo real. El costo por hora en simulador fue de apenas USD 76, frente a los USD 1.800 del vuelo real. El retorno por dólar invertido alcanzó un multiplicador de 23,6 veces.

El cuadro económico se completa con la perspectiva operacional. La fuerza cuenta, a modo de ejemplo, con un sistema de armas con 50 pilotos que deben cumplir 80 horas anuales de Exigencias Básicas Mínimas (EBM) de manera obligatoria, conforme lo establece la PC 17-02 del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas. El simulador Frasca UH-1H (clasificado como simulador de gran realismo según esa misma norma) puede computar hasta el 50% de las EBM trimestrales y hasta el 20% anual, lo que equivale a 16 horas por piloto por año que se realizan en simulador en lugar de en aeronave real.
Multiplicado por los 50 pilotos del sistema, el ecosistema de simulación absorbe 800 horas anuales de instrucción que de otro modo deberían volarse en el UH-1H real a USD 1.800 la hora, representando un valor equivalente de USD 1.440.000 por año.
La simulación elimina además cuatro limitaciones estructurales que ninguna fuerza puede resolver solo con vuelo real: el costo directo por hora de operación, la exposición al riesgo en maniobras de emergencia repetitivas, la imposibilidad de generar enemigo real o replicar condiciones de combate en espacio aéreo civil, y las horas de vuelo consumidas en traslado logístico sin valor de adiestramiento.










