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LPD-93 Magallanes: primer buque del Escotillón IV botado

Talcahuano, Chile

La Armada de Chile celebró este jueves uno de los hitos navales más significativos de la última década. En los astilleros de ASMAR Talcahuano se llevó a cabo la botadura del LPD-93 Magallanes, primera unidad de los cuatro buques multipropósito contemplados dentro del Proyecto Escotillón IV. La ceremonia reunió a las máximas autoridades del país. Participaron el Presidente de la República, José Antonio Kast; el Ministro de Defensa, Fernando Barros; el Comandante en Jefe de la Armada, almirante Fernando Cabrera.

La botadura del LPD-93 Magallanes marcó un giro logístico para la Armada

El acto tuvo lugar al mediodía en la Base Naval de Talcahuano, en la Región del Biobío. Durante la ceremonia, las autoridades destacaron el rol estratégico que la unidad asumirá en el dispositivo de la Armada. El buque ha sido concebido para múltiples roles. Cumplirá tareas de protección de la zona económica exclusiva chilena, operaciones de búsqueda y rescate (SAR), proyección hacia la Antártica, transporte de tropas y carga, y misiones humanitarias y de respuesta ante desastres.

Las palabras del almirante Cabrera subrayaron que el Proyecto Escotillón IV ha consolidado el trabajo conjunto entre el Estado, ASMAR y su red de proveedores nacionales. Reafirmó el compromiso del Gobierno con la construcción naval nacional y con el fortalecimiento de las Fuerzas Armadas.

La botadura representó el paso desde la grada de construcción al agua. A partir de este punto, el LPD-93 Magallanes ingresó a la fase de pruebas de mar y alistamiento final, con miras a su entrega operativa durante 2027.

Las características del buque insignia del Proyecto Escotillón IV

El LPD-93 Magallanes posee 110 metros de eslora y un desplazamiento aproximado de 8.000 toneladas. Su sistema de propulsión diésel-eléctrica le otorga autonomía suficiente para operaciones prolongadas en el extremo sur del país y para misiones de proyección antártica. La plataforma fue diseñada para embarcar helicópteros así como lanchas de desembarco que permitirán despliegues anfibios en costa hostil.

La construcción del buque comenzó simbólicamente en febrero de 2022 en ASMAR Talcahuano. Para octubre de 2025, la unidad superó la etapa estructural principal y avanzó hacia la fase de equipamiento (outfitting), con un progreso reportado superior al 75%. El contrato por las dos primeras unidades superó los 410 millones de dólares. La inversión forma parte del Plan Nacional Continuo de Construcción Naval 2025-2040, marco que ordena el reemplazo y modernización progresiva de la flota chilena en las próximas dos décadas.

La elección del nombre rinde tributo a la región austral homónima, vínculo simbólico con la proyección oceánica del país. La unidad ha sido diseñada para integrarse con el resto del dispositivo anfibio de la Armada. También reemplazará capacidades que comenzaron a quedar limitadas tras años de uso intensivo en operaciones logísticas y humanitarias.

El Rapa Nui avanza tras los pasos del LPD-93 Magallanes

En el marco de la ceremonia, la Armada también presentó el estado de avance del segundo buque de la serie, el LPD Rapa Nui, bautizado el pasado 5 de mayo. Esta segunda unidad seguirá la misma plataforma y configuración general, y su botadura se proyecta para 2029, según el cronograma actual del programa.

El Proyecto Escotillón IV, iniciado formalmente en abril de 2020, contempla cuatro buques multipropósito en total. La primera fase del programa ha demandado más de 409 millones de dólares y una ejecución de 100 meses. Ese plazo reflejó tanto la complejidad técnica del diseño como la apuesta por una cadena de proveedores mayoritariamente nacional. Las dos unidades restantes deberán definirse en fases posteriores, condicionadas a la disponibilidad presupuestaria y al ritmo industrial alcanzado por ASMAR.

Más allá del componente militar, el programa ha generado empleo especializado y transferencia tecnológica en la Región del Biobío. La integración entre el astillero estatal, sus proveedores locales y la academia regional ha consolidado un ecosistema industrial difícil de reemplazar. En el mediano plazo, este entramado apunta a abrir capacidades de construcción naval con potencial exportador.


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