Via Panamericana, Colombia
El suroccidente de Colombia ha vivido uno de los fines de semana más sangrientos de los últimos años. Las disidencias de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) desataron una ofensiva narcoterrorista de las FARC con al menos 31 ataques en los departamentos del Cauca y el Valle del Cauca entre el sábado 25 y el domingo 26 de abril. El saldo final ha sido de 21 personas muertas y 56 heridas, según confirmó el ministro de Defensa colombiano Pedro Sánchez el lunes 27 de abril.
El ataque más mortífero ocurrió en la carretera Panamericana, a la altura del municipio de Cajibío, en el Cauca. Hombres armados bloquearon la vía a las 11 de la mañana del sábado. Una hora y media después, activaron un cilindro bomba oculto en la calzada. La explosión destruyó un autobús y otros 15 vehículos. Entre las víctimas hubo menores de edad.
La ofensiva narcoterrorista de las FARC llegó también a Cali
Los ataques no se limitaron al Cauca. Desde temprano el sábado, las autoridades reportaron explosiones coordinadas en múltiples municipios del Valle del Cauca, con el uso de explosivos y drones contra infraestructura policial y militar. La violencia generó pánico en zonas urbanas y obligó a decretar alertas de seguridad en varias ciudades.
Las Fuerzas Militares atribuyeron la ofensiva a la red del narcoterrorista conocido como «Iván Mordisco» y a la facción del también narcoterrorista «Jaime Martínez». Ambos son cabecillas de disidencias de las FARC y figuran entre los más buscados de Colombia. El presidente Gustavo Petro ordenó «máxima persecución» contra los responsables tras conocer la magnitud de los ataques.
La reacción internacional no tardó. Estados Unidos emitió una advertencia contundente a sus ciudadanos en Colombia y elevó el nivel de alerta. España condenó la ola de ataques y pidió el cese inmediato de la violencia. La vicepresidenta Francia Márquez también rechazó los ataques y llamó a detener lo que denominó una «ola terrorista».
El contexto político agrava la situación. Los colombianos elegirán presidente en poco más de un mes, y la escalada de violencia ha puesto en duda la seguridad del proceso electoral en el suroccidente del país, región históricamente marcada por la presencia de grupos armados.









