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Brasil quiere construir en Itaguaí los submarinos Scorpène que Argentina le comprará a Francia

El ministro de Defensa de Brasil, José Múcio, regresó de Buenos Aires con una perspectiva que podría convertir al Complejo Naval de Itaguaí en el corazón del rearme submarino sudamericano: los tres Scorpène que Argentina planea adquirir a Francia serían construidos en suelo brasileño. La revelación fue realizada por el propio Múcio en un evento organizado por Seta en Brasilia el 28 de mayo, luego de reunirse con el ministro de Defensa argentino, teniente general Carlos Presti, el día 26.

La lógica triangular

El Naval Group, empresa estatal francesa que detenta el 41% del capital del Complejo Naval de Itaguaí, ya es el socio industrial de Brasil en el programa PROSUB desde 2008. Los cuatro submarinos convencionales clase Riachuelo, derivados del mismo proyecto Scorpène, fueron construidos en Itaguaí. El cuarto, el Almirante Karam (S43), fue botado al mar en noviembre de 2025.

La operación tiene una lógica clara para las tres partes. El Tesoro francés estuvo en Buenos Aires antes de la visita de Múcio y ofreció un modelo de cofinanciamiento franco-brasileño que contempla la construcción en Brasil. El ministro lo resumió sin rodeos: la Argentina le comprará el submarino a Francia, pero será construido en Itaguaí, generando empleo, impuestos y desarrollo tecnológico para Brasil. Para el Complejo Naval, una orden argentina crearía además una cola de trabajo que diluiría los costos fijos del programa nuclear Álvaro Alberto, previsto para 2034.

El problema argentino: urgencia sin financiamiento

Desde 2017, cuando el ARA San Juan naufragó con 44 tripulantes, la Armada Argentina no tiene ningún submarino operativo. El ARA Salta se usa únicamente para instrucción en dique seco, y el programa de reparaciones del ARA Santa Cruz permanece suspendido.

El presidente Milei anunció en noviembre de 2025 la intención de adquirir tres Scorpène y cuatro OPV a Francia, con una carta de intenciones firmada con el Naval Group en noviembre de 2024. El valor estimado del contrato oscila entre 2.000 y 2.300 millones de dólares. Sin embargo, el principal obstáculo sigue siendo el financiamiento: Argentina no puede pagar al contado y exige pagos contra entrega de la primera unidad, un modelo que Francia aún no confirmó. El director de ventas para América Latina del Naval Group reconoció públicamente que la negociación está «parada» por falta de acuerdo financiero, y en febrero de 2026 el gobierno argentino confirmó oficialmente que no hubo avances concretos.

¿Itaguaí o Francia? El debate que Buenos Aires aún no resolvió

El Ministerio de Defensa argentino descartó la construcción local porque los astilleros de Tandanor no cuentan con infraestructura adecuada, aunque la estrategia apunta a recuperar capacidades técnicas a través de mantenimiento y reparaciones. La propuesta franco-brasileña emerge entonces como una tercera vía: construir en Itaguaí aprovechando la infraestructura ya consolidada por el PROSUB.

Los plazos también generan tensión. Buenos Aires quiere que los submarinos comiencen a ser entregados entre 2032 y 2036, una ventana que conflictúa con los compromisos ya asumidos por el Naval Group con otros clientes.

El riesgo estratégico que nadie menciona

La construcción en Itaguaí tiene una dimensión que el entusiasmo bilateral tiende a dejar en segundo plano: si los Scorpène argentinos son construidos en Brasil, la Armada brasileña tendrá acceso inevitable a las especificaciones técnicas concretas de los submarinos, incluyendo uno de los datos más sensibles en la doctrina de guerra submarina: la firma acústica de la hélice.

Cabina sonar en un submarino norteamericano.

La firma de hélice es la huella sonora única que genera cada submarino en movimiento. Es el parámetro que utilizan los sistemas de detección submarina para identificar, clasificar y rastrear una unidad. Conocer esa firma equivale, en términos operativos, a tener una ventaja de inteligencia permanente sobre el submarino en cuestión durante toda su vida útil.

Argentina y Brasil son socios estratégicos y no existe entre ellos una hipótesis de conflicto activa. Pero en el análisis de defensa las alianzas son coyunturales y los activos militares duran décadas. Un submarino construido hoy en Itaguaí operará en el Atlántico Sur hasta al menos 2055. Lo que Brasil sepa hoy sobre ese submarino seguirá siendo información vigente cuando las relaciones bilaterales, los gobiernos y los contextos geopolíticos regionales hayan cambiado varias veces. Es el tipo de consideración que raramente aparece en los anuncios diplomáticos pero que los estados mayores navales no pueden ignorar.

El KC-390 y el veto británico

La visita de Múcio incluyó también la presentación del catálogo de la industria de defensa brasileña, con el KC-390 Millennium de Embraer como buque insignia. La ironía es que Argentina ya participa como socia industrial del programa: FAdeA fabrica componentes estructurales de la aeronave desde 2011.

Sin embargo, la venta enfrenta un obstáculo de difícil solución: el KC-390 contiene componentes críticos de fabricación británica, incluyendo sistemas provistos por BAE Systems y Cobham Mission Systems. Desde la Guerra de Malvinas de 1982, el Reino Unido bloquea la exportación de equipamiento militar con componentes británicos hacia Argentina.

Vale precisar, sin embargo, que el veto británico no afecta al avión de manera uniforme. Los componentes más críticos bajo restricción son los del sistema de reabastecimiento en vuelo. El resto de la aviónica y los sistemas del KC-390 utiliza en su mayoría tecnología de origen civil o de otros proveedores no alcanzados por el embargo, lo que significa que el veto británico impacta principalmente en la capacidad de reabastecimiento y no en el avión como plataforma de transporte táctico.

El Cono Sur en disputa

El movimiento de Brasil se produce en un contexto de creciente competencia de influencia en la región. El gobierno Milei viene profundizando acuerdos estratégicos con Washington e Israel, lo que genera un escenario de múltiples frentes de abastecimiento para la modernización militar argentina. Para Brasil, el resultado más concreto y de mayor alcance estratégico de la misión de Múcio podría ser justamente la construcción de los Scorpène en Itaguaí: si se concreta, el Complejo Naval pasaría a operar como astillero regional del Cono Sur.

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