Un informe del Servicio de Investigación del Congreso de Estados Unidos (CRS) analiza el estado actual de la disuasión extendida, la política mediante la cual Washington se compromete a defender a más de 30 aliados y socios, incluso con el uso potencial de armas nucleares, si son atacados. El documento llega en un momento de tensión, marcado por un giro en la estrategia estadounidense y por la creciente inquietud de varios aliados sobre la solidez del compromiso de defensa de la administración Trump.
Un cambio de tono en la estrategia de defensa
El informe señala un contraste significativo. Las Revisiones de la Postura Nuclear de 2010, 2018 y 2022 defendieron el fortalecimiento de la disuasión extendida y sostuvieron que esta apoyaba los objetivos de no proliferación. Sin embargo, la Estrategia de Defensa Nacional de 2026 no menciona explícitamente la disuasión extendida, y en su lugar establece que los aliados y socios deberán «asumir la responsabilidad primaria» de su propia defensa, con un apoyo estadounidense «crítico pero más limitado».
Ese cambio de lenguaje generó preocupación en algunos miembros del Congreso, tanto por el compromiso real de la administración con la protección de sus aliados como por el riesgo de que algunos de ellos consideren adquirir armas nucleares propias, un fenómeno que el informe denomina «proliferación amistosa».
La lógica: disuadir sin que proliferen
El documento explica la doble función histórica del «paraguas nuclear» estadounidense. Desde la Guerra Fría, Washington extendió sus garantías de seguridad a Europa y Asia no solo para disuadir a sus adversarios, sino también para reducir el incentivo de sus propios aliados a desarrollar armamento nuclear. La idea es que un aliado que confía en la protección estadounidense no necesita construir su propia bomba.
El riesgo es el inverso: si un gobierno aliado duda del compromiso de Estados Unidos, puede responder buscando garantías adicionales o desarrollando capacidades propias, ya sea armamento nuclear independiente o la llamada «latencia nuclear», es decir, la capacidad técnica de fabricar armas sin llegar a hacerlo.
Las capacidades desplegadas
Estados Unidos extiende su disuasión mediante tres instrumentos principales: armas nucleares desplegadas por adelantado en territorio aliado, aeronaves de doble capacidad (DCA) que pueden transportar la bomba de gravedad B-61, y sus fuerzas nucleares estratégicas. La transición de los F-16 hacia los F-35 en el rol de aeronaves de doble capacidad, adquiridos junto a varios aliados, es parte de este esquema.
A esto se suman desarrollos más recientes: la Marina estadounidense despliega una variante de bajo rendimiento de la ojiva W76 en sus misiles balísticos submarinos Trident II, y en 2024 inició un programa para dotarse de un misil crucero nuclear lanzado desde el mar (SLCM-N). En un testimonio de 2026, el comandante del Comando Estratégico afirmó que Estados Unidos busca «acelerar el desarrollo y despliegue de capacidades nucleares de teatro adicionales».

Europa y el Indo-Pacífico se movilizan
El informe detalla cómo los aliados reaccionan ante la incertidumbre. En el Euroatlántico, tras la invasión rusa de Ucrania en 2022, la OTAN buscó reforzar su disuasión. El Reino Unido y Francia firmaron en julio de 2025 la Declaración de Northwood para profundizar su cooperación nuclear, y en marzo de 2026 el presidente francés Emmanuel Macron anunció una estrategia de «disuasión avanzada» que incluye la cooperación estratégica con sus vecinos.
En el Indo-Pacífico, Japón, Corea del Sur y Australia manifestaron preocupación por las capacidades nucleares de China y Corea del Norte. Aunque Estados Unidos ya no despliega armas nucleares en la región, mantiene mecanismos de consulta como el Grupo Consultivo Nuclear con Corea del Sur, creado tras la Declaración de Washington de 2023. Tanto Tokio como Seúl reafirman que no buscan armas propias, aunque el debate público sobre la cuestión creció en ambos países.
Por qué importa
El informe del CRS es un termómetro de una discusión de fondo que define el orden de seguridad global: si la garantía nuclear estadounidense se debilita, el mundo podría enfrentar una nueva ola de proliferación entre países que hasta ahora renunciaron a la bomba confiando en la protección de Washington. Para América Latina, una región libre de armas nucleares por el Tratado de Tlatelolco, el debate es una señal de advertencia sobre la fragilidad creciente del régimen global de no proliferación.
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