Bogota, Colombia
El presidente Gustavo Petro ordenó culminar la adquisición de dos aviones de transporte táctico Embraer KC-390 Millennium para la Fuerza Aeroespacial Colombiana (FAC). La compra del KC-390 en Colombia dio así un giro definitivo. La orden aceleró un proceso en el que la institución todavía evaluaba alternativas como el Lockheed Martin C-130J Super Hercules y el Airbus A400M Atlas, bajo criterios técnicos y operacionales.
La decisión no sorprendió a quienes siguieron el expediente durante el último año. En marzo, durante un Consejo de Ministros, el mandatario ya había ordenado el inicio formal del proceso de adquisición. Detrás de esa instrucción estuvo su voluntad de consolidar una alianza de defensa aérea con Brasil, a partir de compromisos asumidos con el presidente Luiz Inácio Lula da Silva. La sintonía política entre ambos gobiernos ha funcionado como motor del negocio desde el principio.
El estado de la flota de transporte empujó en la misma dirección. La FAC informó que dos de sus C-130H Hercules quedaron temporalmente fuera de servicio, a la espera de repuestos. A eso se sumó el accidente de un C-130 que costó la vida a decenas de militares y que terminó de acelerar el reemplazo de la flota de transporte pesado. Con ese cuadro, el Ejecutivo optó por cerrar la compra sin esperar el final de la evaluación comparativa.
Qué implica el KC-390 para Colombia y su relación con Embraer
El KC-390 para Colombia representa un salto de capacidades real. La aeronave puede movilizar hasta 26 toneladas de carga y cumple misiones de transporte logístico, lanzamiento aéreo, evacuación médica, búsqueda y rescate y apoyo humanitario. Además, puede configurarse como avión cisterna para reabastecimiento en vuelo. Esa capacidad resulta compatible con los cazas Gripen suecos que Bogotá ya contrató, lo que facilita la integración de la nueva flota de combate.
El precio de referencia tampoco es menor. Según negociaciones con otros países, el valor unitario se ubicó entre 90 y 120 millones de dólares, de acuerdo con la configuración elegida.
Sin embargo, la orden presidencial abrió un debate de fondo. La instrucción de Petro introdujo un componente político en un proceso que, hasta ahora, se había sustentado en una evaluación comparativa de capacidades. Y hay un dato estratégico que ningún planificador puede ignorar. Con la incorporación del KC-390, la FAC pasaría a operar cuatro de sus principales sistemas de armas vinculados a la base industrial brasileña: el EMB-312 Tucano, el A-29 Super Tucano, el Gripen E/F con amplia participación de Embraer y ahora el avión de transporte. Esa concentración podría generar riesgos de dependencia logística, tecnológica e industrial de un único proveedor regional.
La pregunta que queda flotando en Bogotá es simple. ¿Compró Colombia el mejor avión para su teatro de operaciones, o el avión que mejor sirvió a la política exterior del Gobierno? La respuesta definirá el transporte militar colombiano durante las próximas tres décadas.
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