<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Proyecto Cóndor Archives -</title>
	<atom:link href="https://gordosdefensa.com/tag/proyecto-condor/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://gordosdefensa.com/tag/proyecto-condor/</link>
	<description></description>
	<lastBuildDate>Tue, 07 Jul 2026 21:29:48 +0000</lastBuildDate>
	<language>es</language>
	<sy:updatePeriod>
	hourly	</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>
	1	</sy:updateFrequency>
	<generator>https://wordpress.org/?v=7.0.1</generator>

<image>
	<url>https://gordosdefensa.com/wp-content/uploads/2026/06/cropped-gdmedkt-32x32.png</url>
	<title>Proyecto Cóndor Archives -</title>
	<link>https://gordosdefensa.com/tag/proyecto-condor/</link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
	<item>
		<title>El mito de la reacción: la verdadera génesis del proyecto misilístico Cóndor</title>
		<link>https://gordosdefensa.com/proyecto-condor-ii-argentina-verdadera-genesis-misil/</link>
					<comments>https://gordosdefensa.com/proyecto-condor-ii-argentina-verdadera-genesis-misil/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Federico Luna]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 07 Jul 2026 21:29:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Especiales]]></category>
		<category><![CDATA[argentina]]></category>
		<category><![CDATA[Cóndor II]]></category>
		<category><![CDATA[Fuerza Aérea Argentina]]></category>
		<category><![CDATA[Guerra de Malvinas]]></category>
		<category><![CDATA[Historia militar]]></category>
		<category><![CDATA[Industria de defensa argentina]]></category>
		<category><![CDATA[Misil balístico]]></category>
		<category><![CDATA[MTCR]]></category>
		<category><![CDATA[Proyecto Cóndor]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://gordosdefensa.com/?p=3329</guid>

					<description><![CDATA[<p>Este artículo adelanta hallazgos de una investigación en curso sobre el origen del proyecto Cóndor II. Por su naturaleza periodística, no reproduce aquí el aparato completo de fuentes, archivos y entrevistas —incluida documentación de inteligencia brasileña y británica— que sustenta cada afirmación; ese respaldo documental se publicará en detalle en el libro que se desprenderá</p>
<p>The post <a href="https://gordosdefensa.com/proyecto-condor-ii-argentina-verdadera-genesis-misil/">El mito de la reacción: la verdadera génesis del proyecto misilístico Cóndor</a> appeared first on <a href="https://gordosdefensa.com"></a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>Este artículo adelanta hallazgos de una investigación en curso sobre el origen del proyecto Cóndor II. Por su naturaleza periodística, no reproduce aquí el aparato completo de fuentes, archivos y entrevistas —incluida documentación de inteligencia brasileña y británica— que sustenta cada afirmación; ese respaldo documental se publicará en detalle en el libro que se desprenderá de este trabajo.</em></p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">La historiografía argentina consolidó un relato lineal y restrictivo sobre el desarrollo de su tecnología misilística: el proyecto Cóndor II habría sido una respuesta reactiva, un intento desesperado de posguerra por restaurar la disuasión tras la derrota de Malvinas en 1982.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, la evidencia documental de inteligencia —incluyendo los archivos desclasificados del Reino Unido y Brasil— traza una línea temporal autónoma, desvinculada de la urgencia bélica. Los archivos describen un plan de transferencia tecnológica de largo aliento donde el discurso público y el uso final de la infraestructura corrieron por carriles separados: hacia afuera, un programa científico de inyección satelital; puertas adentro, la redirección de esa capacidad hacia un misil balístico de mediano alcance. La Fuerza Aérea Argentina (FAA) no buscaba un arma «llave en mano», sino integrar al país al selecto club de naciones con capacidad de desarrollo avanzado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para ello, Argentina tejió vínculos estratégicos con consorcios europeos bajo ingeniería controlada desde Alemania, operando al margen de las restricciones de la Guerra Fría. El Cóndor II no fue hijo de 1982, sino el resultado de una estrategia de inserción tecnológica diseñada para capitalizar los vacíos de la industria europea. Argentina buscaba la capacidad soberana que hiciera posible al misil, posicionándose como un nodo de desarrollo en un mercado regulado. Lejos de una narrativa de supervivencia, el programa fue una demostración de ambición: un «vientre de alquiler» para armamento de vanguardia cuyos análogos siguen vigentes en el escenario global.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Los cimientos: el vínculo alemán y la doctrina de uso dual</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">En 1976, la familia industrial Bohlen comenzó a expandir su imperio armamentístico hacia el tercer mundo con respaldo del gobierno federal alemán, profundizando un alineamiento estratégico entre Alemania y Argentina que incluyó programas como las plataformas navales de la Armada, el avión IA-63 «Pampa» y el Tanque Argentino Mediano (TAM). Estos convenios perseguían una transferencia tecnológica sustancial para competir en el mercado internacional de armas, rescatando la lógica autonomista de Mosconi y Savio. El interés por la cohetería databa de los años 40 y se había profesionalizado en los 60 mediante intercambios con la NASA y la visita de Wernher von Braun, capacitando al Instituto de Investigaciones Aeronáuticas y Espaciales (IIAE) en vectores de combustible sólido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En 1969 se firmó el convenio con el organismo aeroespacial alemán DFVLR, marco que institucionalizó el posterior Plan de Satelización. Aunque el objetivo público era colocar satélites en órbita, las competencias científicas compartían una naturaleza de uso dual idéntica a la militar. Hasta entonces, la producción local de cohetes sonda por parte del IIAE dependía de métodos inmaduros y maquinaria adaptada de la industria alimenticia.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><a href="https://gordosdefensa.com/wp-content/uploads/2026/07/Condor.jpg"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="386" height="518" src="https://gordosdefensa.com/wp-content/uploads/2026/07/Condor.jpg" alt="" class="wp-image-3368" srcset="https://gordosdefensa.com/wp-content/uploads/2026/07/Condor.jpg 386w, https://gordosdefensa.com/wp-content/uploads/2026/07/Condor-224x300.jpg 224w" sizes="(max-width: 386px) 100vw, 386px" /></a></figure>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>1974-1979: el punto de inflexión estratégico</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Dos hitos en 1974 reconfiguraron el escenario:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>El factor regional:</strong> El IIAE desarrolló el cohete de artillería SS-40, demostrado ante Libia. Su insuficiente performance le hizo perder el contrato libio a manos de la industria brasileña, que capitaliza la oportunidad para dar nacimiento a su exitosa familia de lanzadores ASTROS.</li>



<li><strong>El factor global:</strong> La prueba nuclear de la India («Buda Sonriente») provocó un endurecimiento de los controles de exportación de las potencias centrales, solapando las restricciones tecnológicas nucleares y aeroespaciales.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">La FAA mantuvo su norte. El «reporte Tasso» de 1972 fijó las primeras líneas para un vector superficie-superficie, consolidado en 1979 en el «reporte Alvarisqueta». Este documento delineó la necesidad de un misil balístico de 2.000 km de alcance, un misil táctico y una bomba guiada tipo <em>stand-off</em>, sintonizando con las doctrinas convencionales de la OTAN.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El financiamiento de esta ambición desafió la fragilidad financiera local a través de una compleja arquitectura de créditos. Lejos de responder a asignaciones presupuestarias lineales o gastos operativos directos de cientos de millones de dólares, el andaje económico estuvo camuflado bajo el paraguas del seguro de crédito a la exportación alemán <strong>Hermes</strong> —el mecanismo conocido como <em>Hermesbürgschaften</em>, originalmente vinculado al desarrollo del avión Pampa junto a Dornier y la DFVLR—. De esta manera, la FAA empleó su propio crédito por un valor cercano a los USD 600 millones, un pasivo oculto cuyos decretos secretos comienzan a desclasificarse décadas después como condición en las negociaciones con el Club de París para reconocer las deudas pendientes de la época.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>La arquitectura societaria y el secreto a voces</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">La estructura patrimonial del programa revela un diseño orientado a eludir controles. El arma aérea nunca asignó presupuestos explícitos a la compra de «misiles Cóndor»; los registros solo consignaban salarios y gastos operativos de infraestructura. Los motores-cohete producidos pertenecían legalmente a INTESA, una empresa conjunta creada con el objetivo de exportar los armamentos terminados. En mayo de 1982, en pleno conflicto bélico, las subsidiarias del grupo Bohlen ya distribuían folletos comerciales ofreciendo sus capacidades vinculadas al programa. No fue una filtración, sino publicidad corporativa explícita que la prensa masiva no supo leer hasta la nota del <em>Sunday Times</em> en julio de 1984.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este entramado rozó, de manera confirmada, a la industria nuclear y científico-tecnológica. Sobre cómo empezó ese vínculo sólo existe, por ahora, un relato testimonial: un directivo nuclear en Pilcaniyeu recuerda que un alto oficial de la FAA lo abordó para pedirle asistencia en la fabricación de las carcazas de los <em>boosters</em> sólidos, bajo la premisa —dicha sin demasiada discreción— de construir <em>«un misil para los árabes»</em>, omitiendo deliberadamente fechas y nombres propios por el temor posterior a los servicios de inteligencia occidentales e israelíes tras 1987, presumiblemente también a la condena social del ámbito científico local, en lo que denomino parte de la “historia negra de INVAP’.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero el resultado de ese vínculo ya no depende solo de esa anécdota: el propio análisis de inteligencia de Estados Unidos registra que INVAP fabricó los primeros cuerpos de los <em>boosters</em> del programa, y el Ing. De León —de forma independiente— refiere una cifra aproximada de unidades producidas. La coincidencia entre una fuente de inteligencia extranjera y un investigador local, sin vínculo aparente entre ambos, eleva este dato de testimonio aislado a hecho corroborado. Ese mismo equipamiento —destinado al rolado y soldado de las chapas de las carcasas— fue transferido más adelante a Bertolina/DosTec, lo que sugiere que la capacidad de producción no quedó estática en un solo proveedor sino que migró a medida que el programa maduraba industrialmente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que sí tiene un respaldo verificable de otra naturaleza es el vínculo de capacitación: los currículums de varios ingenieros del programa consignan formación en sistemas informáticos en el Instituto Balseiro durante 1983. No obstante, este rol formativo no estuvo vinculado al cálculo de trayectorias ni a la simulación del vector, tareas críticas de ingeniería que se ejecutaban de forma centralizada en la planta de Falda del Carmen. Aún con esta delimitación funcional, el cuadro que emerge entre la fabricación de carcasas y la capacitación técnica confirma una red de cooperación institucional real con el circuito científico de Bariloche, bastante antes del ingreso formal de Egipto al consorcio en 1985.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>La guerra como interrupción, no como origen</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Entre 1980 y abril de 1982, las comisiones técnicas fueron seleccionando proveedores en Europa, Estados Unidos e Israel para las partes más críticas del proyecto, enviando a decenas de ingenieros a capacitarse en el exterior bajo la cobertura de los acuerdos existentes entre el IIAE y el DFVLR. En plena construcción de la planta de motores sólidos en Falda del Cañete —bautizada deliberadamente «Falda del Carmen» para despistar a la inteligencia extranjera, pese a no estar cerca de esa localidad—, llegó el 2 de abril de 1982.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese día, tras un desembarco casi incruento, la bandera argentina volvió a flamear sobre las Malvinas: ya no <em>Port Stanley</em>, sino Puerto Argentino, por los siguientes 79 días. El enfrentamiento directo con el Reino Unido terminó en derrota militar y suspendió buena parte —aunque no la totalidad— de los programas de modernización. Poco antes de la guerra, la FAA había iniciado una extensa actualización de sus cazabombarderos IAI Dagger —incorporados en 1978— con asistencia de firmas británicas, y mantenía conversaciones avanzadas para incorporar otra tanda de bombarderos livianos BAC Canberra e incluso los Avro Vulcan que el propio Reino Unido usaría durante el conflicto para atacar la pista del aeropuerto y los sistemas de defensa aérea emplazados en la zona.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tiempo después de la rendición, el Estado Mayor de la Fuerza Aérea creó el grupo de planificación <strong>«Fuerza Aérea 2000»</strong>, una usina de ideas destinada a pensar el futuro de la institución hacia el fin del siglo, según lo recogido por De León y Daniel Blinder. Fue en ese ámbito donde se amplió el círculo de militares al tanto del proyecto Cóndor y donde cobró fuerza la idea de orientar lo que hasta entonces era un proyecto científico de cohetes sonda e inyección satelital hacia un misil balístico de mediano alcance capaz de alcanzar la nueva base aérea de Mt. Pleasant, cuya construcción ya se había anunciado.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><span style="text-decoration: underline;"><strong>Nota institucional:</strong> Esta hipótesis de uso interno nunca se tradujo en el paso administrativo que hubiera confirmado la intención operativa: la incorporación formal del vector al Orden de Batalla (ORBAT) de la fuerza.</span></p>



<p class="wp-block-paragraph">El proyecto se vio afectado durante el conflicto armado, de varias maneras: buena parte de su personal militar fue reasignado al esfuerzo bélico, y aunque el personal científico y técnico radicado en Alemania no tuvo mayores inconvenientes, la colaboración con contratistas y proveedores recién se normalizó hacia octubre de 1982. Las empresas e instituciones científicas del Reino Unido seguían siendo piezas clave del engranaje, tal como se había definido casi tres años antes —lo que anticipa que la guerra interrumpió el programa, pero no lo reorientó ni lo originó—.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>El Reino Unido: de la simulación transónica a la provisión química directa</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Bajo esta lectura, la Guerra de Malvinas no funcionó como un catalizador ni como un acelerador del proyecto. Los intercambios científicos y la provisión de tecnología a través de MBB o de la DFVLR se suspendieron estrictamente entre abril y octubre de 1982, para luego normalizarse por completo. Esto desmitifica el rol del Reino Unido como un enemigo monolítico del programa; por el contrario, los canales comerciales europeos lo posicionaron como un colaborador y proveedor activo que intervino en los componentes más sensibles del vector.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por un lado, ingenieros argentinos y de MBB utilizaron de forma regular los túneles de viento transónicos de la <em>Royal Aircraft Establishment</em> (RAE) en Farnborough para el análisis aerodinámico del misil táctico de artillería y del vector hipersónico destinado al MRBM (<em>Medium-Range Ballistic Missile</em>).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por el otro, la implicación británica perforó la frontera de la química militar: está documentado que el Reino Unido vendió, a través de la firma italiana SNIA, las mismas mezcladoras industriales para combustible sólido que terminaron instaladas en Falda del Carmen, en Egipto y en Irak. Más crítico aún, Londres fue el responsable directo de transferir —solo hacia Argentina— la formulación del polibutadieno terminado en hidroxilo modificado con carboxilo (<strong>CTPB</strong>), el propulsante originalmente destinado a los vectores Alacrán y Tábano; Egipto, en cambio, desarrolló su propio combustible sólido a través de la firma francesa SNPE, para un misil táctico propio que competía —más que colaboraba— con el proyecto argentino en ese terreno específico. Según declaraciones de los propios ingenieros del programa, esa transferencia hacia Argentina se ejecutó en la clandestinidad corporativa a través de una subsidiaria de MBB radicada en la <strong>Isla de Jersey</strong>, sorteando así las directivas de exportación bajo la propia jurisdicción de la Corona británica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Que el Cóndor II nunca estuvo pensado, en los hechos, como un arma de dotación para el teatro del Atlántico Sur encuentra un indicio adicional en un dato institucional: hasta donde permite reconstruir la documentación disponible, la fuerza no emitió un requerimiento formal para incorporar el misil a su Orden de Batalla (ORBAT). La ausencia de ese encuadre normativo es consistente con la idea de que el vector no nació ni evolucionó como un arma de dotación propia, sino como un desarrollo tecnológico e industrial orientado al mercado exterior —aunque, como toda prueba por ausencia, este dato es más un indicio que confirma el resto de la evidencia que una demostración autosuficiente—.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Paralelamente, los servicios de inteligencia regionales y globales ya tenían radiografiado el proyecto:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>El informe brasileño (diciembre de 1982):</strong> El documento <em>«004/1a. SC/095/82»</em> de la Secretaría General del Consejo de Seguridad Nacional de Brasil identificó con precisión la compra de terrenos en Falda del Cañete y la capacitación de 61 ingenieros en Alemania, Austria e Italia. Atribuyó a SNIA-BPD (<em>Difesa &amp; Spazio</em>) y a MBB el desarrollo de un vector de 800 mm de diámetro con alcances proyectados de hasta 900 km en dos etapas. El informe cerraba con una advertencia certera: un grupo alemán negociaba instalar en Argentina una fábrica de misiles superficie-superficie para exportar al mundo árabe.</li>



<li><strong>La mirada de Londres (1984):</strong> Tras la publicación del <em>Sunday Times</em> en 1984, que alertaba de manera alarmista sobre un misil inminente contra las islas, los análisis internos de la <em>Foreign Office</em> y las minutas enviadas a Rex Hunt desmitificaron la urgencia, calificando la advertencia de «exagerada». Los documentos británicos admiten un conocimiento total del esquema: sabían que la cooperación se triangulaba a través de firmas alemanas e identificaron tempranamente que Egipto buscaba desarrollar el vehículo de reentrada a través de <em>Hunting Engineering</em> (contrato puntualmente vetado por el Reino Unido).</li>
</ul>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>El contexto macro-geopolítico y el desenlace</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Egipto se integró formalmente mediante el Decreto presidencial “S” 604 en abril de 1985, cuando la inteligencia internacional ya daba por sentado su rol. Durante su etapa más activa, el Cóndor operó bajo una ingeniería financiera de «crédito político» sostenida por la Liga Árabe.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Consecuentemente, la caída del proyecto no fue el resultado de una presión diplomática británica monolítica tras la guerra de 1982. El colapso del Cóndor II fue la consecuencia directa de un cambio de paradigma sistémico en el orden global entre 1987 y 1988 —un proceso que se inicia, pero no se agota, con la creación del Régimen de Control de Tecnología de Misiles (MTCR) en abril de 1987—.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante años, Washington y Londres habían hecho la vista gorda ante las redes de triangulación del programa porque servían indirectamente al Irak de Saddam Hussein en su contención de Irán; el MTCR nace, en ese contexto, como un régimen todavía laxo en su aplicación, más una señal de intención que un cerco efectivo. Lo que termina de convertirlo en un instrumento de fuerza son los dos eventos siguientes:</p>



<ol class="wp-block-list">
<li><strong>El Tratado INF (diciembre de 1987):</strong> Firmado entre EE. UU. y la URSS, ilegalizó los misiles de alcance intermedio de las superpotencias y dejó sin cobertura doctrinaria a cualquier programa de rango similar en manos de terceros países.</li>



<li><strong>El fin de la guerra Irán-Irak (agosto de 1988):</strong> Le quitó al Cóndor su última justificación estratégica tácita ante Washington y Londres.</li>
</ol>



<p class="wp-block-paragraph">Una vez que Saddam Hussein redirigió su mirada amenazante hacia Israel y sus antiguos socios de la Liga Árabe, y en momentos en que las potencias occidentales y soviéticas destruyen sus propios arsenales intermedios, el Cóndor II pasó de ser un desarrollo tolerado a una anomalía intolerable. El MTCR, nacido un año antes casi como letra muerta, se convirtió recién entonces en el torniquete legal y punitivo que asfixió las cadenas de suministro de la FAA y sus socios, forzando la desarticulación de la red y el alineamiento definitivo de Egipto con Washington, dejando al programa argentino sin cobertura política ni sustentabilidad financiera.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Conviene, sin embargo, no simplificar tampoco el rol británico en esta última etapa. La documentación disponible sugiere que Margaret Thatcher no tuvo un interés particular ni personal en el Cóndor; el impulso británico más decidido llegó recién con su sucesor en el <em>10 de Downing Street</em>, y se intensificó de manera notoria después de la Guerra del Golfo de 1991. Fue en ese momento —con los misiles balísticos iraquíes ya convertidos en amenaza demostrada sobre Israel y las tropas occidentales— cuando Londres decidió sumarse activamente al esfuerzo estadounidense para desactivar definitivamente el programa argentino. Washington, por su parte, declaró abiertamente que su objetivo era impedir que Argentina alcanzara la capacidad de desarrollar un IRBM (<em>Intermediate-Range Ballistic Missile</em>, de alcance superior al MRBM que el Cóndor había demostrado hasta entonces) antes de que ese salto tecnológico se volviera irreversible.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Conclusiones</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">El Cóndor II no fue el arma que Argentina construyó para responder a una derrota, sino la que ya estaba diseñando para insertarse en un mercado; la guerra de 1982 no lo originó, apenas lo interrumpió unos meses. Detrás de la fachada de un cohete sonda que nunca voló hubo un entramado societario diseñado para eludir controles, un cliente que llegó tarde con crédito prestado y una red de proveedores europeos que sostuvo el proyecto mucho más allá de cualquier frontera que la diplomacia formal reconociera.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su final tampoco fue obra de Londres: lo mató, entre 1987 y 1991, el mismo orden internacional que Argentina había aprendido a esquivar durante quince años y los desafíos tecnológicos que el programa nunca logró superar.</p>
<p>The post <a href="https://gordosdefensa.com/proyecto-condor-ii-argentina-verdadera-genesis-misil/">El mito de la reacción: la verdadera génesis del proyecto misilístico Cóndor</a> appeared first on <a href="https://gordosdefensa.com"></a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://gordosdefensa.com/proyecto-condor-ii-argentina-verdadera-genesis-misil/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
	</channel>
</rss>
